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JOSÉ LUQUE   /

 

Durante los cinco años del gobierno de Enrique Peña Nieto en México 24 jóvenes han sido asesinados cada día de su mandato, por otro lado, el 41% de los jóvenes entre los 21 y 29 años se encuentran desempleados, para aderezar aún más el contexto, 14 millones de jóvenes votaran por primera vez en las elecciones presidenciales de julio del 2018, lo que equivale al 17% del padrón electoral.

Sin políticas laborales y de seguridad adecuadas, víctimas del crimen organizado y de políticas de seguridad fallidas, los jóvenes en México, país en donde la mayoría de la población vive en medio del desconcierto y la exclusión, incluso el sector de la juventud universitaria -el más incluido en teoría- ha sido duramente golpeado.

Algo está fallando de manera dramática en el Estado mexicano en relación con los jóvenes. Sus políticas públicas de seguridad a nivel local, estatal y federal son fallidas, los resultados son elocuentes. Las estadísticas son incapaces de maquillar la violencia cotidiana que derivada de la mancuerna establecida entre agentes del Estado y crimen organizado atenaza a la población entre el miedo y la inseguridad.

Cierto, el Ejército y la Marina están en las calles, la Policía Federal también, las fuerzas de seguridad pública de las entidades federativas y municipios hacen constantes exhibiciones de nuevas patrullas y vehículos repletos de policías y soldados armados hasta los dientes pero a dos calles de esas muestras públicas de poder son asaltados ciudadanos en restaurantes, asesinados estudiantes universitarios en la vía pública, otros tantos son golpeados en las combis y camiones de transporte pública por otros delincuentes y la sensación que tenemos los ciudadanos es la de una ausencia real de las autoridades que se refleja en tantos muertos y muertas producto de esa lenta corrosión social y política que la mayoría de los partidos políticos y sus candidatos a cargo de elección popular no ven o sencillamente no existe para ellos y ellas.

Mientras que los ciudadanos se desangran, vemos como algunos candidatos se acusan mutuamente de corrupción que ignoran la multitud de sepelios y fosas comunes en dónde son introducidos los jóvenes que no podrán ejercer su voto en julio próximo.

El día 3 de abril del presente año, cuatro jóvenes estudiantes de la carrera de Ciencias Políticas y Administración Urbana de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México fueron asesinados presumiblemente por integrantes de una banda dedicada al asalto  y tráfico de drogas en la colonia el Arbolito 1 en la delegación Gustavo A. Madero, un quinto estudiante, sobreviviente de la agresión, fue aprehendido e incriminado dolosamente por las autoridades policiales de dichos actos y tuvo que ser liberado tras comprobarse su condición de víctima y testigo, liberación que fue posible gracias a la movilización de cientos de estudiantes y de las autoridades de dicha casa de estudios. Mientras tanto, de los cuatro candidatos al cargo de Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum se solidarizó y expreso su apoyo a los familiares de los cuatro estudiantes asesinados, los otros candidatos brillaron nuevamente por su ausencia en las verdaderas causas ciudadanas que son seguridad pública, trabajo, educación y una vida digna.

La trágica muerte de estos estudiantes explotó en los rostros de tantos políticos y políticas que abandonan sus cargos en los órganos de gobierno para lanzarse nuevamente como candidatos a cargos de elección popular sin rendir cuentas, sin acabar con sus períodos de gobierno y dejando localidades, municipios y entidades estatales sumidas en una violencia desatada por delincuentes protegidos en muchas ocasiones por las autoridades que hacen de la vista gorda ante sus actividades y negocios. Muestra de ello fue el gobierno de Veracruz durante el período de Duarte.

Escribo todo esto para tratar de comprender además de explicarles el asesinato de cuatro estudiantes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, asesinados supuestamente por integrantes de una banda criminal local que estuvo y está operando desde hace meses en la colonia el Arbolito 1 a vista y paciencia de las autoridades locales policiales.

Cuatro muertes que se suman a los miles de asesinatos ocurridos durante el sexenio del presidente Enrique peña Nieto y durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera como Jefe de gobierno de la Ciudad de México, político que acaba de tomar la cívica decisión de abandonar su cargo para lanzarse como candidato a senador por la vía plurinominal en Chiapas.

Muchos ciudadanos tenemos la impresión de que la Ciudad de México está sumida en una crisis profunda de seguridad, la delincuencia se ha tomado las calles y las noticias que tenemos día a día son contundentes, repito: asaltos en cafés, restaurantes, calles, en los vagones del metro a plena luz del día, en los camiones de transporte público, asaltos en las casas y departamentos.

Es una situación insostenible, pareciera que alguien les dijo a los delincuentes que la ciudad es suya mientras que la mayoría de los políticos andan en fiesta electoral y se abrió la temporada de robos y asaltos con licencia para matar.

Tristemente, los únicos funcionarios públicos que andan recorriendo nuestras calles son los del Instituto Nacional Electoral que tratan heroicamente de completar sus cuotas de ciudadanos que integren las mesas de votación en las próximas jornadas electorales de julio. Ciudadanos en su mayoría desencantados con una democracia electoral profundamente fallida.

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