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VERÓNICA CASTREJÓN ROMÁN   /

 

15 de marzo de 2018

La gobernanza se entiende como el modo en que los gobernantes y los gobernados se  relacionan y participan en la toma de decisiones, mediante una cultura colaborativa que persigue el bien común a través de la buena marcha de las instituciones; de hecho, la democracia no se puede entender sin ese binomio activo.

Por ahí de 2006,  se puso de moda la palabra gobernanza, y se crearon en el país, por supuesto incluido Guerrero, consejos de participación social en las dependencias estatales y municipales, a fin de abrir los espacios para una gestión gubernamental más transparente.

Los Consejos de participación social no eran nuevos, pues ya desde el siglo pasado, José Vasconcelos los creó en el sistema educativo como una estrategia organizativa en la que la comunidad escolar toda, autoridades, docentes y padres de familia colaboran para llevar a buen fin el objetivo educativo.

No obstante, fue a fines de ese siglo cuando la estrategia tomó un nuevo auge y se crearon dichos consejos como parte de una política pública,  no sólo en el ámbito educativo, sino en todas las áreas del quehacer institucional.

En Guerrero, en 2005, la Secretaría de Salud, por ejemplo, creó el Consejo de Participación Social en varias de sus dependencias; uno de los primeros fue el del Hospital de la madre y el Niño, en donde se suponía que padres y madres de familia derechohabientes  participarían activamente en la gestión para la buena marcha de esa institución.

La Secretaría de Educación hizo lo mismo; pero ya instalada,  en parte, la reforma educativa, por lo que más recientemente, creó los Consejos Escolares de Participación Social con la idea de que los padres de familia colaboren activamente con la comunidad escolar: autoridades, directivos, maestros y alumnos en la gestión de las escuelas, lo que implica responsabilidades bien puntuales que van desde el involucramiento de los padres de familia en la solución de las  necesidades físicas y económicas de los planteles educativos, hasta la observación muy cercana de la forma de trabajo de directivos y maestros.

Hasta donde yo recuerdo, el Ayuntamiento de Acapulco tiene también sus consejos de participación social, y debe haber uno que se preocupe de velar por los intereses de la ciudadanía,  en materia de la planeación urbana.

Poor eso es preocupante que hasta ayer, el Ayuntamiento hubiera emprendido la ardua tarea de colocar parquímetros en lugares  en las que nunca antes había habido y , por si fuera poco,  en áreas residenciales del puerto, con el consecuente disgusto de los habitantes de esas zonas porque los habrían obligado a pagar por estacionar sus autos en las puertas de sus casas.

Las voces en las redes sociales se levantaron airadas en contra del considerado negocio municipal, y  jóvenes estudiantes de preparatoria, bajo la batuta de su director, según cuentan crónicas periodísticas,  levantaron no sus voces, sino uno de esos aparatejos, lo tumbaron y lo inhabilitaron.

El alcalde, Evodio Velázquez Aguirre hizo la desafortunada declaración de que él no había dado la orden de instalar parquímetros en nuevas zonas y que se investigaría quién se había atribuido semejante potestad.

He aquí una prueba para esos Consejos de participación ciudadana; ¿realmente funcionan y tienen razón de ser?,  ¿quiénes los integran, qué hacen, cuál es su materia de preocupación?, y peor aún, ¿los toman en cuenta?

Desde luego deben haber pesado más los tiempos electorales que el aparato que derribaron las jóvenes manos estudiantiles.

Por lo pronto, el secretario general del Ayuntamiento Octavio Olea Apátiga; el director del Instituto Municipal de Población David Aguilar;   el coordinador de Movilidad y Transporte,  Eutimio Rodríguez y el director de Parquímetros, Baruch Galindo, deben estar sumiendo las costillas, si el anuncio del alcalde no fue sólo para calmar al tigre ciudadano.

¿Y la gobernanza?

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