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VERÓNICA CASTREJÓN ROMÁN  /

 

Acapulco, 23 de septiembre de 2018

Una noticia que la semana pasada cimbró millones de conciencias en nuestro país, le dio le dio la vuelta al mundo: En Guadalajara, Jalisco, un tráiler convertido en morgue ambulante fue abandonado en las inmediaciones de una zona urbana en donde los vecinos se quejaron por los olores que dicho vehículo despedía. Después se supo que no era uno solo, sino dos los camiones en los que yacían amontonados más de 400 cuerpos humanos envueltos en bolsas para la basura.

No podría haber metáfora más tétrica para recordar al gobierno de Peña Nieto, próximo a terminar: México convertido en una enorme fosa común en donde yacen los restos de miles de niños, jóvenes, hombres y mujeres que señalan que el máximo valor, el respeto a la vida, es letra muerta en un país en el que la impunidad y la injusticia han logrado su cometido: la insensibilidad social y la naturalización de la violencia.

Las noticias de hechos violentos cruelmente cotidianos se suceden de maneras cada vez más dantescas, de forma tal que pareciera que ya no hay sorpresa y, la condolencia solo es capaz de poner en los labios de los ciudadanos vagos reproches, ante la insensibilidad de los responsables de frenar este estado de cosas que parece no tener fin y que nos tiene con un paso metido en el infierno.

Y no es sólo Guadalajara, ni el norte ni el sur del país; el este o el oeste. Es todo México en donde la posición de los municipios es endeble pues estos se encuentran asolados por la garra feroz de la delincuencia organizada que, poderosa y totalitaria, acota planes y programas, amedrenta a quienes asumen su función con la intención decidida de devolvernos la paz y amenaza a la esperanza que, convertida en votos, decidió por un cambio en el que la corrupción es el principal objetivo a vencer.

Acapulco, catalogado como uno de los municipios más peligrosos de México será gobernado ahora por una mujer que conoce de leyes, pero que también sabe que de muy poco han servido la última década para hacer respetar el estado de derecho.

Adela Román y su equipo tienen frente a sí, un reto de enormes dimensiones que es –por su naturaleza misma– el más importante del gobierno del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, y de su partido, Morena: la construcción de la paz.

La estrategia municipal para abatir la inseguridad debe haber sido diseñada desde que se pensó en un nuevo plan de gobierno, y la sociedad acapulqueña espera a conocer sus pormenores, mismos que ojalá ya no descansen en la sola aplicación de más violencia; táctica que ha demostrado con creces su ineficiencia.

La reconstrucción del tejido social, la vinculación con diferentes instituciones y órdenes de gobierno, desde luego, deben formar parte del proyecto que debe ser nutrido con las ideas y propuestas de un Cabildo de cara al pueblo.

Ya falta poco, esperemos.

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