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ROGELIO HERNÁNDEZ LÓPEZ   /

 

Seamos francos, autocríticos. Todavía le hace falta al periodismo mexicano disminuir uno de los tres males que acusaba el columnista Manuel Buendía en los años 80. Él decía en escritos y conferencias que nuestro ejercicio adolecía de tres fenómenos: mediocridad, solemnidad e impunidad.

Contra esta impunidad comienza a notarse una aportación reciente, un instrumento esencialmente ético, creado por colegas que empuja hacia la honradez profesional. Y eso, no es poca cosa.

Me explico. La mediocridad ha bajado, casi en la misma medida en que la gente que ha ido ingresando tiene mejores niveles académicos para aportar en todas las funciones del periodismo profesional y ha ido sustituyendo muy lentamente a los empíricos y autodidactas, aunque las escuelas de nivel superior aun no encuentran los métodos y técnicas para formar reporteros. Pero las bases académicas les facilitan el aprendizaje.

La solemnidad, o sea la repetición de los esquemas de nota dura al estilo viejo del periodismo estadunidense, aunado al tratamiento con el enfoque de lo políticamente correcto -a veces lo comercialmente convenenciero-, también ha disminuido en varios medios notables, con formatos cronicados, o estilos que buscan cercanía, explicación sencilla, para mayor comprensión de más públicos, especialmente en la titulación o cabeceo, como decimos en el argot nuestro.

 

La impunidad

Mas, la impunidad que acusaba Buendía persiste en niveles superiores a los que exigiría una etapa profesionalista del periodismo mexicano, con singular repetición en medios pequeños o medianos a los que más importa hacerse notar que ganar o mantener la credibilidad.

Esto es, que persiste la circulación de noticias con fuertes dosis de exageraciones o mentiras descaradas (fake news, las motejan ahora), tanto las que se hacen sobre pedido o mediante convenios para disfrazar la publicidad como noticia o aquellas que se pliegan para señalar negativamente a los adversarios de las “fuentes” emisoras.

Lo más extendido de estas prácticas es que demasiado reporteros y editores aceptan como cierto todo lo que digan los funcionarios y políticos de todos los partidos, lo mismo inaugurar varias veces un puente, hospitales, caminos, que inversiones multimillonarias. Son las prácticas que no buscan confirmación o al menos lo que de palabra recomiendan académicos y periodistas veteranos. Verificar.

Esas malas prácticas sigue arraigada, y probablemente seguirá, pese a que la ha mellado un poco la cuantía de leyes secundarias que vetan la incitación al odio o la violencia, la discriminación o la exhibición de presuntos culpables de delitos. Existen leyes que sancionan la difamación pero aun así son demasiadas las noticias falsas o muy distorsionadas que circulan libremente.

Esta persiste porque la mentira, la exageración son, en mucha proporción asuntos éticos y que se sepa, no hay códigos deontológicos aceptados colegiadamente. Ni siquiera se respeta, en los hechos eso que todos los reporteros citamos, muchos de dientes para afuera, de que cada noticia que se configura hay que verificarla antes de difundirla.

 

Un gran aporte

Al parecer, el razonamiento anterior fue compartido por un todavía joven, aunque ya veterano periodista profesional: Daniel Moreno Chávez, quien ya tenía varios años promoviendo un instrumento profesional que revisara la veracidad de la información, sobre todo lo que suena exagerado y más lo que es obviamente mentiroso.

Esa intención encontró pares, o coincidentes y se fue configurando una herramienta, que en junio de 2018 cumplirá un año: Verificado.

Este breve y modesto espacio dedicado a los colegas mexicanos recomienda la consulta sistemática de este instrumento, que nos obsequian quienes lo hacen posible (https://verificado.com.mx) Y también les propone hacerle donaciones de dinero y darle otros soportes para su desarrollo y consolidación, porque habrá quienes se resistan y hasta saboteen el esfuerzo.

Otro aspecto estimulante es que quienes aparecen públicamente como responsables en su página web son tres periodistas mujeres, capacitadas y entregadas a la verificación: Deyra Guerrero, Liliana Elósegui y Syndy García.

Solo para ofrecer una idea de las aportaciones que Verificado ha hecho en un año, hay que citar las más recientes:

“Tatiana Clouthier difunde datos falsos sobre inversión extranjera y Mariana Gómez del Campo manipula información” (mayo 24)

“Javier Corral sí criticó a Ricardo Anaya… pero hace tres años, no ahora” (mayo23)

“Los jueces que absolvieron a Nestora Salgado concluyeron que no había pruebas en su contra” (mayo 23)

“Contrario a lo que dice López Obrador, México sí tiene un superávit comercial en alimentos” (mayo 22)

“El Programa de Resultados Electorales está en manos sólo del INE; el contrato con la empresa de Slim es contra ataques cibernéticos” (mayo 18)

Estoy seguro que ya hay directores, jefes de redacción y editores que están buscando secciones similares o incluso que buscan las referencias de este esfuerzo de periodistas. Si parece inédito o insólito lo que hacen es porque no hay un precedente como tal. Es deseable que arraigue.

Espero que pronto sean muchos los medios y periodistas que teman difundir algo chueco, acomodado, volado o mentiroso porque los vayan a cachar en Verificado.

Veamos, consultemos, propongamos y donemos a Verificado porque ya contamos con una referencia para ser autocríticos en nuestro ejercicio profesional y disminuir  esa impunidad que Buendía criticaba.

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