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ROBERTO RAMÍREZ BRAVO   /

 

El diputado federal plurinominal por Michoacán, David Jiménez Rumbo, vino a Guerrero, según sus palabras, por la sangre de La Malinche o Betty la fea y de sus ex compañeros del Partido de la Revolución Democrática.

Ha de entenderse, porque sería muy grave si no fuera así, que estaba utilizando un sentido metafórico en eso de la sangre. Su declaración ocurrió en un evento donde acompañó al candidato priista por el Senado, Manuel Añorve Baños, en el hotel Tortuga, en Acapulco, donde los integrantes de una agrupación de filiación perredista -se entiende que parte de lo que fue el Grupo Guerrero en ese partido- se unió a la campaña de la coalición Todos por México.

La expresión de la sangre de Jiménez Rumbo estaba relacionada con otra mención literal de su parte: dijo que se sumó a los priistas para vengarse del PRD y en particular de La Malinche o Betty la fea. Por ambos apodos, el diputado federal y ex senador se refiere a la candidata perredista al Senado, Beatriz Mojica Morga, a quien ha responsabilizado de que él no obtuviera la candidatura a la alcaldía de Acapulco, como era su anhelo.

Jiménez Rumbo no se detuvo ahí en sus señalamientos, e inclusive fue directo a la vida personal de Mojica Morga. Dijo que la candidata “ni siquiera ha parido”, y no ha dado a Guerrero ningún hijo que pueda morir por el estado en caso de una revolución, lo cual aseguró que sí han hecho tanto él como su candidato.

También dijo que la candidata perredista (a quien, se insiste, solo mencionó como La Malinche, tal vez previendo alguna demanda, aunque con elementos muy claros para entender que se trata de Mojica Morga) “se inventa que tiene marido” pero no lo tiene, como si tal asunto viniera al caso en el contexto político.

El correlato de este conflicto está en la definición de candidatos en esta elección, y en la designación de Joaquín Badillo Escamilla como candidato en Acapulco, cuando había perredistas que tenían mayor tiempo de militancia en el PRD, como el propio Rumbo y Víctor Aguirre Alcaide, que competían por ese cargo.

Como se sabe, Aguirre -que era incluso favorito antes que Jiménez Rumbo- terminó por acatar la decisión del CEN y mantenerse en el PRD, pero el diputado federal salió de este partido y terminó por sumarse a las filas del PRI a través de su candidato a la alcaldía, Ricardo Taja Ramírez, quien había militado en el PRD precisamente a través de Grupo Guerrero.

Desde un primer momento, el diputado federal estableció una lucha frontal contra los perredistas y contra Mojica Morga, a quien primero le adjudicó el mote que ahora utiliza, y estableció con todas sus letras que se iba a vengar de ambos. Para eso se fue al PRI, para vengarse, lo ha dicho de manera reiterada.

Acusó a la candidata al Senado de haber recibido 10 millones de pesos de Jacko Badillo en un departamento de Costa Azul a cambio de designarlo candidato, con la operación de Ángel Aguirre y del dirigente estatal Ricardo Barrientos.

El nivel de confrontación ha ido subiendo en los días subsiguientes. En un estilo que tiene una aparente bonhomía, con chascarrillos, con risotadas, y un aparente o real valemadrismo, Jiménez Rumbo ha transitado del camino de la crítica y la denuncia al de la denostación misógina.

A la misma hora en que este texto se publica, el diputado federal debe estar ofreciendo una conferencia de prensa para fijar una postura ante la reacción de la candidata al Senado. Es que Mojica Morga denunció a través de un video -en el que incluyó al candidato priista Manuel Añorve- los dichos de Jiménez Rumbo. “Quieren mi sangre”, dijo, y los responsabilizó a ambos por lo que pudiera ocurrirle a ella o a su familia.

A través de las redes sociales, se han levantado voces para demandar al dirigente nacional del PRI, el ex gobernador guerrerense René Juárez Cisneros, que meta en orden al ex perredista, que flaco favor le hace a la campaña de su partido.

El tema puede llegar incluso más allá del simple intercambio de declaraciones, y terminar en los tribunales. En los dichos del ex perredista es evidente que hay misoginia, hay violencia política, y subsiste la interpretación de una amenaza.

Tal vez Jiménez Rumbo alegue que esa expresión es metafórica y que se refiere a la venganza política de hacer perder a Mojica Morga en las urnas. Pero lo cierto es que el nivel del lenguaje que ha venido usando el ex perredista cada vez sube más sus grados de violencia, y alguien debe ponerle un freno. Al final de cuentas, nadie ignora a quién se refiere con ese apodo y nadie ignora, si se configura la amenaza, a quién se dirige.

Para los priistas queda el mensaje: aliados así no le benefician sino, como dicen que dijo Luis Echeverría, todo lo contrario.

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