junio 5, 2026

“Duele e indigna la violencia, que hiere a toda la sociedad”, lamenta el arzobispo de Acapulco

  • A unos dias de las fiestas navideñas, lamenta Leopoldo González González el clima de inseguridad en el país

Ana Lilia Torres /

Acapulco, Gro., 14 de diciembre de 2025.- El arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González expresó que “nos duele e indigna la violencia que sigue ejecutando, asesinando, desapareciendo e hiriendo a tantas personas. Son crímenes que hieren a todos en la sociedad”.

En  su mensaje dominical, el prelado católico condenó los hechos violentos que siguen ocurriendo en el pais, como la explosión de un carro bomba que se registró en días pasados en una población de Michoacán.

Exigió también que cesen las “extorsiones bajo amenazas o  controlando la compra venta de artículos y productos, porque son una opresora esclavitud tributaria”.

Ante el embate de la delincuencia, el arzobispo consideró que la seguridad que brindan las instituciones no es suficiente y tiene que colaborar la sociedad.

“Hemos visto que es muy necesaria la presencia de guardias que cuiden a la comunidad, pero su presencia no es suficiente para asegurar el respeto a la integridad de las personas y sus bienes, ya que no puede vigilar a cada uno para que no hagamos mal, sino que uno debe apartarse de hacer el mal, por convicción propia y no por miedo al castigo”, indicó.

Planteó que “la impunidad en que quedan tantos crímenes hace tanto daño, es abono de crimen” y por eso se necesita que haya en cada persona la firme determinación de ser buen ciudadano.

En su mensaje alusivo al inicio de las posadas navideñas, el clérigo dijo que para darle el sentido correcto a estas celebracionea, hay que hospedar a cada necesitado, dándole un trato digno y humanitario.

“Miremos en qué momento empieza la fiesta, los cantos alegres, las piñatas y aguinaldos, la convivencia, empieza cuando en casa acogen a los peregrinos. Hasta entonces empieza la fiesta, antes se sufre rechazo”, señaló el clérigo.

Pidió darle la ayuda al necesitado y tratarlo como si uno mismo estuviera en una situación semejante, porque “todos somos hijos de Dios, de modo que al otro debemos verlo como hermano, acojerlo y tratarlo de manera fraterna”.

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