octubre 24, 2026

Otis: la noche en que los avisos se convirtieron en una pesadilla

• En menos de 24 horas, Otis pasó de tormenta tropical a huracán categoría 5. Los pronósticos cambiaban a cada momento, las autoridades multiplicaban sus advertencias y Acapulco se preparaba para una amenaza cuya magnitud todavía era difícil imaginar.

MARISOL WENCES MINA /

Acapulco, 24 de octubre de 2026. El lunes 23 de octubre de 2023, Otis era una tormenta tropical que avanzaba sobre el océano Pacífico rumbo a Guerrero. Se esperaba que tocara tierra el miércoles 25, posiblemente convertido en huracán categoría uno. Nada parecía indicar que en menos de 24 horas se transformaría en un monstruo de categoría 5, con vientos capaces de destruir prácticamente una ciudad.

Apenas el 9 de octubre, la tormenta Max había dejado inundaciones y destrozos en la Costa Grande. En Tecpan todavía no terminaban de retirar los escombros cuando apareció Otis.

Ese lunes, la gobernadora Evelyn Salgado Pineda instaló en sesión permanente al Consejo Estatal de Protección Civil y llamó a no minimizar el fenómeno. “Prefiero que digan que exageramos con las medidas a que fuimos omisos”, dijo la mandataria, quien aseguró que se preparaban refugios y mecanismos de atención para proteger a la población.

El martes 24 comenzó con nuevas advertencias. Antes del mediodía, Salgado Pineda había suspendido su segundo informe de gobierno, previsto para el jueves 26, y las clases del turno vespertino y del miércoles. En una reunión con autoridades militares y municipales se informó que el Ejército y la Marina preparaban alimentos, agua, cocinas comunitarias y tortilladoras.

La alcaldesa Abelina López Rodríguez dijo que los refugios estaban listos y que camionetas recorrían las colonias para advertir a los habitantes de zonas de riesgo. El meteorólogo estatal Fermín Damián Adame señalaba que el ciclón podía entrar por Tetitlán, en Tecpan, pero sus efectos se sentirían con mucha fuerza en Acapulco y Coyuca de Benítez.

Todavía se hablaba de una tormenta que podía convertirse en huracán categoría uno. El peligro parecía conocido, aunque la movilización de las autoridades anunciaba algo más grave. Lo que nadie alcanzaba a dimensionar era la velocidad con la que cambiaría todo.

A las 13:30 horas, Protección Civil de Guerrero emitió un aviso urgente. Otis ya era categoría 2, con vientos sostenidos de 175 kilómetros por hora y rachas de 215. Se encontraba a 220 kilómetros al sur-sureste de Acapulco y podía alcanzar la categoría 3 en las siguientes horas. Se anunciaban lluvias torrenciales y oleaje de cinco a siete metros.

Apenas hora y media después, a las 15:00, la Comisión Nacional del Agua confirmó que ya era categoría 3. Los vientos habían aumentado a 205 kilómetros por hora, con rachas de 250, y el pronóstico advertía que podía alcanzar la categoría 4 antes de tocar tierra.

La Plaza Diario publicaba las actualizaciones. En una nota actualizada a las 16:55 horas todavía se daba cuenta de los cambios en el lugar previsto de impacto, primero en Tecpan y después hacia Coyuca de Benítez. Los avisos se sucedían uno detrás de otro. Cuando comenzaba a asimilarse una categoría, Otis ya estaba alcanzando la siguiente.

La tarde avanzaba y el tiempo para prepararse se agotaba. A las 18:30 horas, Protección Civil estatal lanzó otra advertencia: Otis era categoría 4, registraba vientos sostenidos de 230 kilómetros por hora y rachas de 280. Estaba a solo 135 kilómetros de Acapulco y podía convertirse en categoría 5.

Las imágenes satelitales mostraban un ojo cada vez más definido, rodeado por una enorme masa de nubes frente a las costas guerrerenses. Por las redes sociales circulaban videos, mapas y advertencias. En los hogares había preocupación, pero también incredulidad. Acapulco conocía de tormentas, inundaciones y huracanes. Lo que estaba ocurriendo con Otis no se parecía a nada de eso.

A las 20:25 horas, el presidente Andrés Manuel López Obrador advirtió en sus redes sociales que Otis entraría como categoría 5 entre Acapulco y Tecpan de Galeana, de las cuatro a las seis de la mañana. Anunció que estaban en marcha el Plan DN-III-E y el Plan Marina y pidió a los habitantes trasladarse a refugios y mantenerse alejados de zonas de riesgo.

La Plaza Diario también difundió esa advertencia. Todavía quedaban algunas horas, según el pronóstico presidencial. Pero el huracán seguía acercándose y fortaleciéndose.

A las 21:00 horas, el Servicio Meteorológico Nacional confirmó la peor noticia: Otis había alcanzado la categoría 5. Sus vientos sostenidos eran de 260 kilómetros por hora, con rachas de 315. Estaba apenas a 90 kilómetros de Acapulco. Se pronosticaban lluvias extraordinarias, oleaje de ocho a diez metros y efectos devastadores.

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos advirtió que se estaba desarrollando un “escenario de pesadilla” para el sur de México y que el núcleo del huracán podía pasar directamente sobre Acapulco.

Mientras los boletines mostraban cifras cada vez más aterradoras, en las colonias comenzaban a sentirse las ráfagas. El viento se adelantaba a la hora prevista para el impacto. Todavía había electricidad, internet y señal telefónica en distintos puntos de la ciudad, aunque la noche empezaba a traer un ruido desconocido para muchos acapulqueños.

A las 23:30 horas, según quedó registrado en la crónica posterior de La Plaza Diario, la electricidad se interrumpió en una zona de la colonia Progreso. Las comunicaciones comenzaron a fallar. Lo que hasta entonces se había seguido mediante fotografías satelitales y boletines empezó a sentirse en puertas, ventanas y techos.

A las 00:25 horas del miércoles 25, el NHC reportó que Otis había tocado tierra cerca de Acapulco como huracán categoría 5, con vientos estimados en 270 kilómetros por hora. El análisis meteorológico posterior situaría el impacto alrededor de las 00:45.

No hubo que esperar hasta las cuatro o seis de la mañana. Los efectos destructivos habían comenzado desde antes.

Durante las siguientes horas, los vientos arrancaron árboles, derribaron estructuras, destrozaron ventanales y dejaron a miles de familias refugiadas donde pudieron. Al amanecer, Acapulco parecía una ciudad bombardeada. Las calles estaban cubiertas de escombros y las comunicaciones prácticamente habían desaparecido.

Hubo avisos, reuniones, alertas y medidas preventivas. Pero Otis se intensificó a una velocidad que los modelos meteorológicos no habían previsto. En unas cuantas horas la población pasó de prepararse para lluvias fuertes a enfrentar uno de los huracanes más destructivos de la historia de México.

La tragedia se fue anunciando durante todo el martes, cada vez con cifras más alarmantes. El problema fue que, cuando comenzó a entenderse realmente lo que significaban aquellas advertencias, Otis ya estaba encima de Acapulco.

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