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MIGUEL ÁNGEL ARRIETA  /

 

Acapulco, 28 de marzo de 2020.

A sus 72 años, Lorenzo Lagunas se traslada cada semana desde la comunidad de La Pintada, hasta Atoyac de Álvarez. Recorrer la sinuosa distancia desde el corazón de la Sierra guerrerense hasta la cabecera municipal acompañado solo de su fiel sombrero. El viaje le lleva aproximadamente cuatro horas en una camioneta colectiva. Este traslado tiene un solo objetivo cumplido litúrgicamente durante los últimos tres años: cobrar el dinero que le envía su hijo desde la ciudad de Knoxville, Tennessee, en la Unión americana.

Pero desde hace dos semanas, Lorenzo no ha seguido su tradicional itinerario. Las remesas enviadas por su hijo Feliciano dejaron de llegar inesperadamente desde la segunda semana de marzo. La acostumbrada llamada para pasar el mensaje cifrado con la clave que permite cobrar el envío, cambió por el “esta semana no podré enviar dinero, me descansaron en el trabajo, yo les aviso cuando vuelva a mandarles”.

Feliciano laboraba ocho horas diarias en una ensambladora de cajas para cosméticos en un suburbio localizado a 45 minutos del departamento que comparte con tres primos de El Paraíso, pero desde el viernes seis de marzo el supervisor Bob, un texano con estampa de vikingo que gusta de presumir su tatuaje de Elvis Presley en el biceps, les comunicó que la planta cerraría hasta nuevo aviso ante la disposición del gobierno americano para prevenir el contagio del Covid-19, el letal coronavirus que rebasó ya en USA los 100 mil contagiados y poco más de mil 700 decesos.

Así que Lorenzo Lagunas tampoco pudo ir a la abarrotera El Buen Precio a comprar los dos kilos de azúcar, el litro de aceite, la bolsa de frijol, sus dos latas de chiles, el frasquito de mayonesa y los dos litros de leche. Ni llegar al mercado por el casillero de huevos y los sartales de cilantro, rábano, perejil, ni los cinco pesos de hierbabuena y mucho menos su paquete de café.

De ese tamaño, el ataque del coronavirus que obligó a suspender cadenas productivas y cerrar fuentes de empleo en Estados Unidos de Norteamérica, se traduce en un latigazo cuyo alcance aún incalculable colapsa la sobrevivencia de miles de familias cuyos ingresos dependen de los envíos de remesas de dólares.

La codependencia económica del fenómeno migrante, impacta invariablemente de manera inmediata a cientos de comunidades en toda la geografía mexicana, a partir de que la manutención de adultos mayores y pequeños recae en el apoyo financiero de quienes emigraron a Norteamérica.

De hecho, durante 2019 las remesas enviadas a México alcanzaron la cifra record de casi 36 mil millones de dólares, lo que ubico a este renglón como la segunda línea de ingreso de divisas al país, por encima de las ganancias petroleras y el turismo.

Un análisis financiero publicado en febrero de este año por el banco BBVA Bancomer, establece que el volumen de las remesas superó en un 5 por ciento la cantidad registrada en 2018. Y el mismo documento prevé que durante el 2020 las remesas se elevarán a 37 mil 200 millones de dólares.

De ese total, el estado de Guerrero recibió mil 737.6 millones de dólares, cifra que al tipo de cambio actual representa el 47 por ciento del presupuesto anual asignado a la entidad.

“La apreciación del peso frente al dólar y la mejora en las condiciones laborales de los mexicanos en Estados Unidos son los principales factores que han contribuido al aumento del flujo de remesas a México”, señala el reporte.

Sin embargo, el reporte advierte una mínima posibilidad de que este cálculo no se lograra como consecuencia de “que hubiera una recesión en Estados Unidos”, ya que ello afectaría el envío de remesas a México ante la falta de empleo.

Obviamente, esos cálculos fueron observados antes del coronavirus, antes de que la plaga obligara a cerrar toda actividad económica en USA, Europa, Asia y hasta hoy, parte de Centro y Sudamérica.

Hasta 2018, había casi tres millones de guerrerenses radicados en USA. De esta población, el 21.7 por ciento se dedica a la manufactura; un 28.3 a la construcción; el 33.5 por ciento laboran en el ramo de servicios, comercio y tareas agrícolas; 16.5 por ciento en transporte y entretenimiento y el resto no mantienen una ocupación fija.

De acuerdo a Etelverto Bustamante presidente de la Federación de Guerrerenses Radicados en Chicago, un análisis superficial permite apreciar que el sesenta por ciento de este sector laboral permanece desempleado como efecto del efecto del coronavirus.

El Estado americano ha iniciado una serie de políticas asistenciales para evitar un crack financiero irreversible, por lo que con el fin de alimentar el consumo necesario entregará entre 500 y mil 500 dólares a quienes permanecen sin trabajo.

Por su parte, la alcaldesa de Chicago Lori Lightfoot, polo urbano en el que se concentra el mayor número de guerrerenses en USA, anunció que el Departamento de Vivienda de esa ciudad creará un programa para dar apoyo económico a personas seleccionadas que se hayan quedado desempleadas o hayan sido afectadas por el impacto económico de la epidemia de coronavirus.

El Programa de Asistencia de Vivienda Covid-19 cuenta con dos millones de dólares para otorgar solo una vez un apoyo de mil dólares para gastos de renta o hipoteca. Se darán únicamente dos mil apoyos de este tipo.

Lo grave, es que las consecuencias de la tormenta financiera derivada de la amenaza infecciosa, guardan múltiples aristas para los migrantes guerrerenses; independientemente del ramalazo a las remesas, el impacto se refleja también en la suspensión de actividades comunitarias organizadas por los migrantes mexicanos radicados en USA con fines altruistas y para mejorar la calidad de vida de sus comunidades de origen.

En todas las ciudades de Estados Unidos, los gobiernos municipales ordenaron la suspensión de actividades públicas masivas, por lo que los salones de baile donde los migrantes realizan eventos para recaudar fondos destinados al programa Dos por Uno.

También suspendieron reuniones de trabajo los integrantes de clubes de migrantes que acostumbran sesionar cada mes para evaluar las acciones a seguir en beneficio de sus pueblos.

Por lo pronto, el Programa Dos por Uno para migrantes que ahora opera nada más en dos estados de México, -Guerrero y Zacatecas-, después de que el gobierno federal cancelara la mayor parte del presupuesto destinado a actividades de cooperación económica con los migrantes, queda suspendido indefinidamente debido a la complicada situación financiera que enfrentan los paisanos en Estados Unidos, ya que son ellos quienes aportan el cincuenta por ciento del monto de las obras.

Al final de cuentas, el ataque del coronavirus va más allá de todo análisis y ante una economía débil como la mexicana encuentra grietas en cualquier espacio del tejido social.

La dimensión del problema obliga por lo mientras a los migrantes a replantear su relación con autoridades mexicanas, pero a la vez los coloca ante la trágica posibilidad de suspender la manutención de un amplio sector poblacional.

Ahora el gobierno mexicano tiene otro problema: ¿qué va hacer cuando dejen de llegar las remesas a comunidades marginadas?

Detrás de cualquier respuesta, lo que se deben preguntar primero es ¿Qué harán los familiares de los migrantes cuando dejen de recibir los envíos de dólares?

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