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ROBERTO RAMÍREZ BRAVO   /

 

Acapulco, 27 de diciembre de 2019

Javier Carranza, el comediante acapulqueño conocido como El Costeño, se convirtió en tema de conversación en redes sociales luego de que hiciera una mofa del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

A partir de ahí hubo de todo: desde los que lo descalificaron hasta los que lo aplaudieron. Incluso, notoria fue la defensa que hizo el ex alcalde acapulqueño Alberto López Rosas del derecho que tiene el comediante de expresarse en los términos en que lo hizo.

Más allá, sin embargo, vale la pena poner en contexto lo que sucedió. El Costeño se burló del presidente López Obrador mientras presentaba su show. Es decir, mientras contaba sus chistes en público. Una cosa es si sus chistes son buenos o malos, y otra es la cuestión política. Aquí habría que hacer notar que no se trata de un artista que suela asumir posiciones de orden político.

Es cierto que la crítica desde el espectáculo siempre ha existido para los presidentes (ahí está, por ejemplo, la obra Agarren a López por pillo, en pleno gobierno de José López Portillo; o la película La dictadura perfecta, en el gobierno de Enrique Peña Nieto), y en ese sentido es completamente válido el que un actor público exprese su postura sobre el gobierno. Quizá en abono de las libertades de que El Costeño se ha dado el lujo de utilizar, habría que señalar que es la primera vez que un comediante alude al presidente de la República en funciones llamándolo por su nombre y no con alguna referencia.

Pero tampoco se puede alegar un simple acto de libertad de pensamiento en sus palabras, y esto hay que decirlo con todas sus letras: Javier Carranza, además de comediante, además de acapulqueño, además de ciudadano, es un personaje con una clara identificación priista, sea o no militante de este partido que gobernó el país durante 80 años y que encabezó lo que se llamó primero PRIAN y luego PRIANRD.

Javier Carranza participó en gobiernos del PRI desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, cuando el priista Juan Salgado Tenorio era presidente municipal de Acapulco, Javier Carranza era subdirector de Fomento Educativo, en lo que habría sido, pero no existía en ese tiempo, la dirección de Cultura. Un poco antes, en el gobierno de Rogelio de la O Almazán en Acapulco, también del PRI, había sido el amenizador oficial de las actividades del Ayuntamiento en las colonias populares. Entonces todavía no había sido descubierto por Televisa y no se llamaba El Costeño, sino Tlahuica Jr.

Recientemente, ha tenido un papel muy activo en la política. Fue partícipe de las campañas priistas –como se muestra en videos que circulan en la red-, de Manuel Añorve Baños para el gobierno del estado, de Héctor Astudillo Flores para la gubernatura y de Ricardo Taja Ramírez para la presidencia municipal de Acapulco.

Ello no implica por sí mismo algo censurable, pues como cualquier otro ciudadano, tiene el derecho de asumir la filiación política que desee. Solo se trata de poner en contexto que quien hizo la crítica al presidente no fue un artista independiente, sino un personaje que actúa desde una posición ideológica y partidaria bien definida.

El Costeño también es recordado por el incidente que protagonizó durante una visita del entonces presidente Enrique Peña Nieto a unas instalaciones de Capama por el rumbo de La Sabana, cuando el entonces alcalde Evodio Velázquez Aguirre fue relegado de los asientos aledaños al mandario pero al comediante se le dio un lugar privilegiado.

Así que quien quiera enojarse por la crítica a Andrés Manuel López Obrador, estará en su derecho también de hacerlo. Pero no es bueno olvidar ese dato: no es un ciudadano común, un artista sin filiación política –solo crítico de la realidad-, quien hizo los comentarios.

Por esta definición, es que se puede explicar la respuesta que dio Javier Carranza a quienes lo criticaron, disculpándose por no haber acudido al curso de adoctrinamiento, y por ello también se explica por qué nunca antes ha hecho chistes o crítica a otros gobiernos, ni mucho menos a los emanados del PRI.

 

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