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ROBERTO RAMÍREZ BRAVO  /

 

Acapulco, 01 de abril de 2020.

Una de las disposiciones más importantes del Consejo General de Salubridad, máximo órgano de salud en el país ante la contingencia por el Coronavirus, fue la de ampliar la jornada de la sana distancia (lo que implica el aislamiento) hasta el 30 de abril.

El subsecretario Hugo López-Gatell, a su vez, fue enfático en advertirle a la ciudadanía que está ante la última oportunidad de reducir los efectos negativos de la pandemia que asuela al mundo en estos momentos y que en México podría tener un crecimiento desmesurado. Es el momento, el último, la última oportunidad, de reducir los daños.

Y lo que se puede hacer, dijo el funcionario, es que todos, al mismo tiempo, se queden en casa. Es la única forma de evitar ser contagiado y contagiar a otros. Romper la cadena de transmisión es importante porque cada persona puede contagiar a tres, cada una de estas tres, a otras tres, y así, de modo que el número de contagios, si todos siguen esa ruta, es inconmensurable. Y el problema es que el sistema de salud puede colapsar si todos se enferman al mismo tiempo.

Aplanar la curva significa reducir al mínimo posible el ritmo de contagios. No es que no se vayan a contagiar, sino que lo harán de manera más espaciada, dando oportunidad de que se pueda atender a unos primero y a otros después, pues si hay 10 enfermos y un solo respirador, el aparato no podrá ayudarles a todos. Solo servirá si primero enferma uno y otro después.

Por eso llama la atención que en Acapulco -y seguramente esto se reproduce en otras partes del país- no se entienda, o no se aplique, la estrategia de, en esta fase, quedarse en casa.

Es claro que la mayoría de los mexicanos vive al día y necesita trabajar porque si no, no come; y podría ser peor estar encerrado y sin comida, o encerrado y sin dinero para comprar un jabón o un bote con agua. Por eso se entiende que mucha gente tiene que salir. Entonces debe hacerlo, no hay de otra, pero es conveniente que lo haga siguiendo todas las recomendaciones que se dan para quien anda fuera de casa.

Sin embargo, el problema no es ese, o no solo ese. El problema está en las instituciones de gobierno, los bancos, los centros médicos y otros lugares de concentración de personas que podrían entenderse como prioritarios.

Ya se había anunciado que se está en la última oportunidad de aplanar la curva epidemiológica y la urgente necesidad de mantenerse en casa, y en el parque Papagayo (en la entrada del estacionamiento, frente a Médica Papagayo), el lunes, y luego el martes, por ejemplo, había una aglomeración de personas que acudieron a recibir sus apoyos de la Secretaría del Bienestar del gobierno federal. En el Ayuntamiento, en las escalinatas, durante dos días se aglutinaron personas para hacer un registro de aspirantes a beneficio económico por la pandemia y tenerlo listo para cuando esté disponible el recurso.

Los bancos actúan con total desparpajo: mientras dicen cumplir las normas de no tener dentro de las sucursales a más de 10 personas, para que tengan sana distancia, hacen que la gente permanezca aglomerada afuera. Lo que importa es cumplir con un ordenamiento, no la salud de sus clientes. ¿O qué no los mismos que van a estar seguros, con sana distancia, cuando entren, son los mismos que se están exponiendo una hora más o menos afuera de la sucursal, al permanecer todos apelmazados, sin sana distancia alguna? Los bancos han aprovechado la ventaja de las plataformas digitales, pero algunos -como Santander, Scottiabank- tienen un pésimo servicio que dificulta la operación digital, y la vía telefónica es operada -en el caso de Santander- solo por una voz automática que, ante la duda, en lugar de conducir a un operador en línea, termina remitiendo otra vez a la sucursal.

Las organizaciones sociales también hacen su parte. El primer ejemplo es el de los vendedores en playas que a la menor oportunidad se aglomeraron en el Ayuntamiento para pedir apoyos ante la crisis; otro es el de los vendedores de artesanías y semifijos de varios mercados de ex ambulantes del puerto, que hacen un día sí y otro también, reuniones de más de 50 personas en el tianguis turístico La Diana, encabezados por Felipe Martínez Reynoso, para buscar apoyos gubernamentales.

Es cierto que no hay razón de convocar al pánico. Pero si las autoridades están diciendo que antes se podía salir, y desde una fecha determinada, ya no se puede, es sensato atender al llamado en los dos momentos distintos.

Por otro lado, el cierre de playas es un hecho inédito del que al menos este tecleador no tiene memoria.

La economía va a sufrir por todo lo que está pasando, eso es un hecho. Sin embargo, en México y principalmente en Acapulco hay memoria constante de las crisis económicas, con el detalle de que si no se aplana la curva epidemiolóigica y la pandemia sale de control, la economía no va sino a empeorar, pero a un costo mayor. Por eso la prioridad en este momento es reducir el ritmo de contagios y quedarse en casa.

 

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