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RAÚL SÉNDIC GARCÍA ESTRADA   /

 

Acapulco, 28 de noviembre de 2019

La muerte como espectáculo, es el título del estudio sobre la realidad y el horror, escrito por Michela Marzano, quien realiza un estudio sobre los videos que circulan en internet y que tienen escenas de una extrema violencia, en donde el espectador puede observar torturas, violaciones y degollaciones auténticas.

Son comunes los videos colgados en internet, donde se graban el sufrimiento, la humillación y la muerte, los cuales se pueden observar sin restricción alguna, incluso por menores de edad. En este ensayo, la filósofa Michela Marzano reflexiona sobre estas macabras prácticas, señalando que la muerte se ha convertido en un espectáculo, buscado y deseado en las pantallas del ordenador.

La familiaridad, la cercanía y la difusión de la violencia, mediante las imágenes de la barbarie, ha vuelto insensible al ser humano ante el sufrimiento ajeno, los crímenes en masa, con lo cual ha influido para que la sociedad sea indiferente a la barbarie que por igual se comete en Medio Oriente que en nuestro país.

Es necesario leer con detenimiento los estudios hechos sobre la violencia real y el horror, extremo puesto al alcance de los usuarios de la red y que manifiesta cada vez más el proceso de descomposición social, señalando que la evolución digital ha puesto al alcance de cualquier usuario, películas que antes fueron clandestinas o fingidas, evolucionando desde la pornografía a los asesinatos reales, a las películas llamadas snuff, donde se escenificaba la muerte real de un individuo y que tiene sus orígenes allá por los años 70, hasta llegar a las películas Tesis de 1996 y Asesinato en 8 mm, en 1999.

En la red, es de fácil acceso buscar diferentes masacres alrededor del mundo, asesinatos, degollamientos, realizados por igual por el Estado Islámico que por las mafias del narcotráfico, como lo fue, el asesinato del 22 de febrero del 2002, de Daniel Parló, el asesinato de Nicholas Berg o también el ahorcamiento de Sadam Hussein, el martirio al que fue sometido Mouammar Al Kadafi, es necesario saber los límites de la libertad de prensa y también de la libertad de información, que generalmente difunden las imágenes de la barbarie. Que alimentan el cinismo y la indiferencia.

Es de particular importancia, analizar los acontecimientos y las implicaciones que tiene la difusión de las imágenes de la barbarie que convierten a la muerte como un espectáculo de medios audiovisuales, que buscan a toda costa aumentar su rating.

Recientemente se publicó en La Jornada, un artículo de Robert Fisk, sobre la más reciente película snuff del Estado Islámico, sobre decapitaciones en Egipto, ataques suicidas en Irak, y donde se realiza una observación sobre las ejecuciones en los videos, desde el terror en los ojos de la víctima, los ataques con cuchillos o con espadas, presuntos espías decapitados, que hacen reflexionar sobre aberraciones mentales y lo que provocan las obscenas imágenes. 200 años después de que dejara de utilizarse la guillotina, los mensajes son morbosos, llevándonos a imágenes contundentes y rotundas del espiral de violencia que se parecen en todo el orbe.

El internet ha pasado de ser una herramienta de comunicación e información, a ser utilizada como medio para difundir imágenes inapropiadas, dándole un mal uso para comunicar mensajes violentos, generando riesgos para sus usuarios en algunos casos de redes sociales, de la utilización de perfiles como Facebook, en los cuales son cometidos infinidad de delitos, como fraudes, robos de identidad, secuestros, y también en un espacio para ocupar el tiempo libre de ocio y de mediocridad.

En fotografías y videos, que dan cuenta del gesto supremo de la atrocidad, la pérdida de la razón, y la cultura del pánico, existen diarios especializados en nota roja, que utilizan el sensacionalismo como medio fundamental de su existencia, en donde se expone la fotografía cruda, incluso aquí en México, en donde se ofrece la degradación de los cuerpos como un espectáculo.

La televisión tiene influencia poderosa en la sociedad, en la escala de valores y el comportamiento de grandes capas sociales que observan a menudo imágenes violentas sin censura, en horario familiar, por lo cual los niños y adolescentes en alguna medida se han vuelto inmunes al horror de la violencia, aceptan a la violencia como un modo de resolver problemas y como patrones de conducta a imitar, contribuyendo significativamente como uno de tantos factores de agresividad y comportamiento violento.

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