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ROBERTO RAMÍREZ BRAVO    /

 

Acapulco, 09 de junio de 2021.

La coalición Va por Guerrero, de los partidos PRI y PRD, está buscando a toda costa revertir el triunfo de la candidata de Morena a la gubernatura, Evelyn Salgado Pineda, y para ello anuncian impugnaciones y aseguran que es posible revertir las cifras que la hacen ganadora, para que Mario Moreno sea el próximo gobernador.

Es una postura desde la desvergüenza. Desde que inició la campaña era claro que el PRI y el PRD no tenían ninguna posibilidad de triunfo. Encuesta tras encuesta, las cifras apuntaban hacia Morena, primero con Félix Salgado Macedonio y luego con Evelyn Salgado Pineda como candidatos.

Tan claro era esto, que cuando Carlos Loret de Mola entrevistó al candidato aliancista, Mario Moreno, le preguntó (más bien le afirmó) que no conocía ninguna encuesta seria que le diera el triunfo a él, y él lo reconoció. Pero ya hay, dijo, una que le daba cuatro puntos abajo, es decir, que aun perdiendo, iba perdiendo por poquito.

También le preguntó (afirmó, otra vez) Loret , que iba él con dos partidos muy desprestigiados. Moreno le contestó que sí están desprestigiados, pero ya va mejorando su aceptación en la gente.

Eso es lo que no han entendido los priistas: que el pueblo de Guerrero no quiere más al PRI. Ese sentimiento que dejó fuera al tricolor desde 2005, con la sola excepción del actual gobierno de Héctor Astudillo, sigue vigente; pero ahora es compartido por el PRD, partido que abdicó de los principios que le dieron origen y de la alianza que había mantenido con el pueblo, para convertirse en un espacio exclusivamente para la búsqueda de posiciones de poder.

Lo curioso en este caso es que varios de los representantes de las principales fuerzas que mueven al PRI, ya reconocieron el triunfo de Evelyn Salgado; solo el equipo de campaña se mantiene en su postura. El ex gobernador Ángel Aguirre Rivero, artífice de la alianza, y sin duda figura clave en la campaña PRI-PRD, reconoció que perdieron la elección y consoló a Moreno diciendo que en política nunca se gana ni se pierde para siempre. Eso es cierto: de ello da fe el gobernador Héctor Astudillo, que reconoció su derrota en 2005 y que obtuvo el triunfo en 2015. También el senador Manuel Añorve Baños fijó una postura según la cual Mario Moreno fue un excelente candidato, pero las tendencias no favorecen al PRI.

En papeles invertidos, hoy los aliancistas se parecen -pero guardadas las proporciones- a los perredistas de antaño que peleaban por las irregularidades cometidas desde los órganos electorales y desde las instancias de poder. Impugnaciones que muy pocas veces iban más allá y que casi nunca revertían un triunfo tricolor.

La diferencia está en que en esta ocasión el gobierno estatal está en poder del PRI, y a quien dirige el IEPC, Nazarín Vargas, no se le puede acusar de pro morenista. Al contrario, en la Universidad Autónoma de Guerrero, de donde proviene, se le ubica como un personaje muy cercano al PRI y particularmente a Manuel Añorve. ¿Cómo es que ahora sus aliados de siempre le endilgan la posibilidad de un fraude en favor de Morena?

En realidad, Mario Moreno debería asumir la postura que en su momento asumieron Héctor Astudillo en 2005 y Manuel Añorve en 2011, quienes con dignidad reconocieron que las tendencias no les eran favorables. Cerrado ese capítulo, ambos se dedicaron a construir, a mirar para adelante, y hoy Astudillo es gobernador y Añorve senador.

El priista podría también mirarse en el espejo de otro mal perdedor, para no seguir sus pasos: el virtual diputado electo por el distrito IV de Acapulco, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, quien, tras perder la candidatura a gobernador, hizo la más grave guerra sucia contra el candidato ganador y su propio partido, que abrió un hueco que estuvo a punto de tragárselo a él mismo. Perder mal, solamente acrecienta la derrota, y se convierte en una segunda pérdida.

Mario Moreno no fue mal candidato: serio, tranquilo, amable, conquistó a quienes no lo conocían y lo vieron por primera vez. Pero también era difícil, diríase casi imposible, romper la marca que ya traían tanto Félix Salgado como Morena, y que Evelyn acrecentó; por eso desde el principio se sabía que el priista no iba a ganar la elección, pero ganaría aun perdiendo, porque si no era gobernador, podría ser el nuevo líder del priismo, candidato natural para el Senado dentro de tres años, y quizá en seis años más pudiera estar buscando de nuevo la gubernatura, siguiendo los pasos y el ejemplo de Héctor Astudillo.

Mantenerse en su postura de no reconocer los resultados preliminares, por ahora ya hizo quedar en vergüenza a su mentor y amigo Ángel Aguirre Rivero, quien tuvo que desdecirse y afirmar ahora que esperará los resultados oficiales.

Parece que a los priistas les gustó eso de ganar en la mesa lo que no se puede ganar en las urnas. Pero cometen un error, porque no siempre les va a resultar. Incluso, pueden verse en el ejemplo de esta campaña: tanta fue la embestida contra el candidato puntero que finalmente lograron sacarlo de la contienda por una nimiedad. Pero en lugar de triunfo, lo que consiguieron fue una derrota más aplastante todavía.

La moraleja de esta historia debería ser la siguiente: el pueblo de Guerrero no acepta la guerra sucia, ni las trampas para impedirle competir a alguien, ni para quitarle lo que legítimamente se ganó en la urna.

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