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Reflexiones de un Obrero que Lee

MARCO A. PAZ PALACIOS /

Acapulco, 12 de enero de 2026. Los acontecimientos de que trata la reflexión de hoy sucedieron aquí, en nuestra ciudad y puerto de Acapulco, solo que hace 102 años, en una localidad y sociedad muy diferente a la que hoy conocemos.

Juan Ranulfo Escudero Reguera es detenido por militares después de ser convencido por su madre, aconsejada e influenciada esta por el cura local, de que si se entregaban Juan y sus hermanos Felipe y Francisco, sus vidas serían respetadas.

Primer atentado fallido

Todo empezó cuando, tras haber ofrecido recompensa por la cabeza de Juan R. Escudero, quien era presidente municipal en funciones, un pequeño grupo de traidores fueron a conferenciar con el mayor Juan S. Flores, quien se encontraba con el grupo de comerciantes, oligarcas locales de origen español que dominaban toda la actividad económica de Acapulco y sus alrededores. Fraguaban un plan para acabar con el primer ayuntamiento socialista de Acapulco y del país, a través de la muerte de Juan R. Escudero, quien por su seguridad había trasladado su residencia al palacio municipal.

El mayor Flores movilizó doscientos soldados y atacaron el palacio municipal, el cual incendiaron. Juan, al tratar de escapar, recibe un tiro que le rompe un brazo y algunas costillas; es alcanzado por el multicitado mayor Flores, quien le dispara el tiro de gracia, pero Juan no muere. Lo llevan al hospital civil, donde es atendido por José Gómez Arroyo, y quien era el vicecónsul de Estados Unidos en Acapulco, Harry Pangburn. Le amputan el brazo derecho y atienden la herida en la cabeza, que era muy grave; el balazo afectó el cerebro de Juan y este queda permanentemente paralizado del lado izquierdo del cuerpo. Le cuesta trabajo hablar, no camina ni escribe.

Se abre una investigación ordenada por el entonces gobernador Neri. Se llegan otras elecciones municipales y Juan continúa con su carrera política, apoyado por su compañera Josefina Añore, sus hermanos y un grupo de acapulqueños decididos a jugársela por él y el programa del Partido Obrero de Acapulco, P. O. A. por sus iniciales.

Es apoyado incondicionalmente por un grupo de muchachos que venden y voceaban el periódico de Juan, de nombre Regeneración (toda similitud con el nombre del periódico de Morena es mera coincidencia). Entre los muchachos que distribuyen el citado periódico se encuentra Alejandro Gómez Maganda, quien tiempo después llegará a ser gobernador del estado de Guerrero.

El odio de los caciques españoles a los hermanos Escudero era principalmente por el programa del P. O. A., que básicamente era el siguiente:

Pago justo por jornada de trabajo
Defensa de los derechos humanos
Sanear autoridades
Participar en las elecciones
Jornada de ocho horas de trabajo
Educación
Tierra para los campesinos
Campañas contra las enfermedades

Y lo que consideraban más grave: la carretera México–Acapulco, pues dicha vía rompería su control sobre toda la región.

Juan Ranulfo Escudero Reguera vuelve a ganar las elecciones y el 7 de diciembre de 1923 es nombrado presidente municipal de Acapulco, en medio de la vorágine por la rebelión de Adolfo de la Huerta. Los caciques de Acapulco aprovechan para intrigar, conspirar y acusar a Juan, sus hermanos y partidarios de ser rebeldes. En realidad, lo que estaba en juego era el predominio del P. O. A. y el agrarismo contra las casas comerciales y el latifundismo, y su relación de complicidad y contubernio con los militares de la guarnición del puerto.

Después de ofrecer 10 mil pesos oro por la cabeza de Juan, los militares se acuartelan en el Fuerte de San Diego y acuerdan ganarse los 10 mil pesos. Sitian el palacio municipal.

El atentado final y ejecución de los hermanos Escudero

La madre de Juan, en pánico, dialoga con el sacerdote Florentino Díaz y, a través de él, ofrecen garantías para Juan y sus hermanos. Su madre los convence. Los militantes del P. O. A. abandonan Acapulco; no confían en que se respetarán sus vidas. Tratan de convencer a Juan y sus hermanos de que se vayan con ellos, pero estos no acceden.

Por la tarde del 15 de diciembre de 1923, militares al mando del capitán Morlett detienen a los hermanos Escudero. Son trasladados al Fuerte de San Diego. Hay intentos de liberarlos y un conato de enfrentamiento, pero la madre de los Escudero interviene y les pide serenarse, pues el padre Florentino Díaz dijo que los militares no harán daño a los Escudero.

Cuatro días permanecen detenidos los hermanos Escudero mientras los militares negocian pidiendo más dinero por la ejecución de los hermanos. Hay versiones de que recibieron 30 mil pesos oro, una fortuna para ese tiempo.

La noche del 20 de diciembre de 1923, los hermanos Escudero son sacados con violencia del Fuerte de San Diego y llevados en un camión facilitado por los comerciantes españoles; dicho camión era de la fábrica La Especial, custodiado por militares y por un grupo de lo que hoy llamaríamos paramilitares o seguridad privada: vulgares pistoleros, asesinos, guardias blancas, como se les decía acertadamente en aquel tiempo.

Son llevados al poblado del Aguacatillo, por el rumbo de La Venta. Juan es llevado a hombros por sus hermanos y así, en esa posición, con Juan en medio de sus hermanos, son fusilados. A Felipe se le aprecian 14 impactos; a Francisco, 7. El capitán al mando del grupo da el tiro de gracia. Ahí son abandonados los cuerpos.

Al amanecer del 21 de diciembre de 1923, el campesino Leovigildo Ávila encuentra los cuerpos, se acerca y descubre que Juan aún vive. Este le pide que busque a Patricio Escobar en La Venta. Las autoridades de La Venta, temerosas de los militares y de los pistoleros de los caciques, se niegan a levantarlos y llevar a Juan a que reciba atención médica.

Juan tiene siete heridas de bala y el tiro de gracia. El rumor de que está vivo llega hasta Acapulco; grupos se organizan y van al lugar, pero está mortalmente herido, desangrándose. La historia dice, o acaso la leyenda nos grita, que sus últimas palabras fueron: “Sigan adelante, que nuestra muerte no haya sido en vano”.

Levantan los cuerpos y son subidos a un camión, llegando a Acapulco a las siete de la noche del 21 de diciembre de 1923, y así, con los tres hermanos Escudero Reguera convertidos en los mártires del gran movimiento socialista de Acapulco, de un flamazo, sostenido por la burguesía, como toda traición, culmina un sueño que se interrumpió, renació y solo con la muerte pudo ser apagado.

Fuentes:
Las dos muertes de Juan R. Escudero, de Paco Ignacio Taibo II
La comuna mexicana, de Bruno Bosteels
Wikipedia

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