Morena: coordinaciones estatales, dirigencias locales diluidas y el conflicto
- A pesar de presentarse como “Unidad por la Transformación”, una parte importante de la tensión se vivirá dentro de la coalición Morena-PT-PVEM. Ahí se pondrá a prueba cómo procesan los actores, recordando a Hirschman, la salida, la voz y la lealtad; en otras palabras, si aceptan las reglas, si impugnan desde dentro, si negocian posiciones o si amenazan con romper la frágil disciplina de la alianza
MARIELA DÍAZ SANDOVAL /
Acapulco, 26 de junio de 2026. El pasado lunes 22 de junio de 2026, la dirigencia nacional de Morena inició el proceso de registro de las y los aspirantes a las Coordinaciones Estatales de Defensa de la Transformación y la Soberanía. De manera formal, se trata de coordinaciones partidistas, sin embargo, políticamente son la antesala de las candidaturas a las gubernaturas que estarán en disputa en 2027. Esta distinción tiene como propósito que Morena pueda entrar anticipadamente a la competencia en su interior sin nombrar el término “candidatura”.
El proceso se anticipaba complejo desde hace tiempo. La reforma contra el nepotismo, la reforma estatutaria de Morena en el mismo sentido, así como el fallido Plan A de la reforma electoral colocaron presión sobre los posibles perfiles. En columnas anteriores señalé que, con el cierre de algunas rutas en el campo nacional, el espacio de conflictividad podría desplazarse a la arena subnacional. Las gubernaturas de 2027 son ese terreno en donde se cruzan los intereses locales, el control territorial, la disputa de los grupos internos, las alianzas partidistas, así como los riesgos reputacionales de ciertos perfiles.
Cuando Ariadna Montiel asumió la dirigencia nacional de Morena, buscó posicionarse como vigilante de la ética y la probidad partidista. La afirmación de que cualquier persona interesada en participar en el proceso de 2027, y sobre cuya actuación existieran actos de corrupción o señalamientos de conductas cuestionables, sería excluida de la contienda, puede leerse en dos sentidos. Por un lado, como una estrategia para blindar al partido frente a perfiles problemáticos. Por otro lado, como la puerta abierta a la discrecionalidad, pues en contextos locales con alto nivel de disputa por los espacios, dichos señalamientos pueden utilizarse para depurar, pero también para castigar selectivamente a grupos internos. El problema es que existen suficientes elementos para poner en cuestión comportamientos de actores locales interesados en participar. Ese filtro se constituye, por tanto, en una forma de concentrar el poder de decisión en la dirigencia nacional.
A este elemento se suma un rasgo estructural de Morena: su tendencia organizacional a privilegiar la concentración de decisiones en la dirigencia. En este sentido, vale la pena preguntarnos quién define el proceso de selección de candidatos.
Estatutariamente, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) tiene un papel decisivo. El CEN elige a la Comisión Nacional de Elecciones, presidida por Citlalli Hernández Mora; esta comisión propone la convocatoria en donde se define el método de selección. Los métodos previstos son la encuesta, la elección y la insaculación. No obstante, el órgano encargado de emitir formalmente la convocatoria es el CEN, por lo que son los órganos nacionales los encargados de definir la aplicación y reglas de los métodos previstos.[1]
Ahí está el tema central. A pesar de que se ha legitimado el proceso bajo la narrativa de participación y consulta, el diseño institucional define el papel subordinado de las dirigencias estatales frente a la nacional. En los estados, las dirigencias pueden operar en territorio, movilizar estructuras y administrar el conflicto, pero no controlan la definición de la candidatura. Lo que atestiguamos, por tanto, es cómo Morena procesa el conflicto, cerrando y abriendo la puerta a actores políticos.
A pesar de presentarse como “Unidad por la Transformación”, una parte importante de la tensión se vivirá dentro de la coalición Morena-PT-PVEM. Ahí se pondrá a prueba cómo procesan los actores, recordando a Hirschman, la salida, la voz y la lealtad; en otras palabras, si aceptan las reglas, si impugnan desde dentro, si negocian posiciones o si amenazan con romper la frágil disciplina de la alianza.
[1]Espejel Espinoza y Díaz Sandoval, Tendencias organizacionales y democracia interna en los partidos políticos en México, UNAM-FES Acatlán, 2022.




