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Texto: Lydiette Carrión.  Fotos: Archivo/ Colectivos de apoyo

Ésta es una historia de amistad, anarquismo y cárcel. No empezó en 2014, sino mucho tiempo atrás.

Alberto Moreno y su amigo Itzamná, otro estudiante anarquista de Antropología, quieren dar a conocer lo que han visto en Eloxochistlán de Flores Magón durante los ocho años en los que han acompañado a la comunidad en la búsqueda de nuevas formas de organización. Se sienten interpelados directamente.

Primero, porque su compañero y amigo Miguel Betanzos está en la cárcel, acusado de un crimen que, sostienen, no cometió. Betanzos Peralta fue condenado a 50 años de cárcel, acusado de homicidio e intento de homicidio, durante una turba el 14 de octubre de 2014 , en su pueblo natal, Eloxochitlán de Flores Magón, Oaxaca. Ahora, espera una nueva sentencia.

Segundo, porque Alberto e Itzamná han atestiguado cómo los intereses económicos y políticos han destruido a la comunidad de Eloxochistlán, y acusan directamente de ello a la familia de Elisa Zepeda, quien acusó a Miguel, entre otros más, de homicidio en contra de su hermano.

Tercero, porque su quehacer como estudiantes y activistas fue reflejado en un texto anterior en este espacio: Miguel Peralta: justicia mexicana para los pobres.

La escuela

Alberto Moreno es etnólogo y activista. Estudiando ahí en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), se hizo amigo de Miguel Ángel Peralta Betanzos, quien también simpatiza con el anarquismo.

Las formas de organización comunitarias originarias tienen componentes anarquistas importantes: autogestión, cierta horizontalidad, cargos rotativos, trabajo comunitario. Así era imposible que no se fijaran en la figura de Ricardo Flores Magón, quien encarna los rasgos más palpables del anarquismo mexicano. Y Miguel era oriundo de Eloxochistlán, el pueblito mazateco en Oaxaca que vio nacer a los hermanos Flores Magón.

Así que para 2011-2012, Miguel, Alberto y muchos otros estudiantes más iniciaron viajes a la comunidad de Miguel. Alberto era ya estudiante de maestría, y a nivel licenciatura impartía una clase sobre antropología y anarquismo. Más estudiantes y amigos se sumaron a las caravanas, entre ellos Itzamná. “Era una oportunidad de ver procesos de autogobierno y comunalidad en tiempo presente, en los hechos”, recuerda Alberto.

Ahí en la comunidad mazateca “vemos elementos que están actuando en la comunidad: la auto organización, el desconocimiento de una figura pública municipal como tal, y más bien el uso de la manovuelta”.

Pero los pueblos originarios no mantienen sus formas de organización puras. Por el contrario, han pasado por periodos de caciquismo, y de incorporación de diversos rasgos. Algunos favorables; otros, no tanto.

Nuevo anarquismo en una vieja comunidad

“Es desde inicios de los noventa que se da un proceso en la comunidad, alentado, por una parte, del movimiento zapatista en Chiapas, pero también por el trabajo político por parte de generaciones jóvenes de la comunidad”, explica Alberto. “Había, por ejemplo una radio comunitaria, y por supuesto, el trabajo político del profesor Jaime Betanzos”.

“En los años noventa [del siglo pasado], con el impulso que se da al magonismo y el zapatismo, se da una fuerza a estructuras que no son partidistas ni estatales”, agrega.

–Entonces, ¿la Asamblea Comunitaria es reciente?

–La asamblea comunitaria, abierta e incluyente, sí tenía relativamente poco. Antes estaba, pero más el tema de los cargos y el ritual y lo simbólico.

Alberto se refiere al sistema de cargos que funcionaba en el municipio desde mucho tiempo atrás, en el que el consejo de ancianos tenían un peso importante para toma decisiones. Y los cargos de presidente municipal, alcalde, topil,se rotaban.

–¿Antes no había asamblea comunitaria como tal?

–Funcionaba de manera distinta. Estaba más el tema de los cargos. Y podía funcionar más para servir a intereses de los caciques. En Eloxochistlán –además del anarquismo– también hay un historial de cacicazgos.

Por otra parte, explica Alberto: “También es cierto que muchas instituciones originarias sí tienen una forma muy autoritaria y exclusiva. Por ejemplo, el consejo de ancianos, que está conformado por puros hombres mayores, y que en algunos casos sí le toma opinión por ejemplo, a la presidencia municipal”.

Acompañar sin invadir

–¿Cómo realizaron ese acompañamiento, sin afectar?

–En esos primeros años “sí teníamos la preocupación de cómo participar sin echar línea. Nos decíamos: esto, lo que vemos. Es real, concreto. Teníamos esa preocupación.

Sin embargo, “para después de 2012, los conflictos en la comunidad arreciaron”. Por parte de la presidencia municipal y agentes externos, “se empujaba una forma de organización muy vertical”, y comenzó el hostigamiento y “mucha saña”.

En 2013, los estudiantes de la ENAH realizaron caravanas a la comunidad. El grupo político de Manuel Zepeda los acusó de apoyar a priistas.

Ahí es “cuando vemos cómo en menos de 30 años empieza a estructurarse la comunidad de forma muy vertical”.

¿Cómo vertical? Por un lado veían que se buscaba impulsar políticas “anárquicas por un lado, pero cada vez mayor presencia de partidos políticos”.  Y, sobre todo “el dinero”.

Itzamná narra: “En los barrios, nos contaron cómo cambió, el que una persona tuviera el suficiente dinero para comprar los cargos comunitarios. Un señor nos decía cómo había cambiado, cómo pasó un topil, de no tener ningún arma, y era una cosa de respeto de la comunidad hacia esas figuras, a volverse un policía del presidente municipal”.

Por su parte, Alberto explica: “El impacto en la vida cotidiana de las personas, de una fuerza que va desvinculando la comunidad. Por un lado se le da más importancia al individuo que puede tener más poder adquisitivo o político, representado sobre todo por los vínculos políticos o figuras”.

–Vimos y vemos un conflicto muy cabrón–, narra Albert.

–¿Cuál es el origen?

–El dinero. Y sí. Hay un encono entre dos figuras [Manuel Zepeda y Jaime Betanzos). Ese encono de dos figuras no se puede desligar del hecho de que todos son familia. Como en todas las comunidades.

Ixtamná agrega: “Cuando fuimos a la caravana, hicimos no sólo entrevistas individuales, sino también hacer recorridos… Pensábamos en hacer un acompañamiento a la comunidad, en su proceso de restitución del tejido comunitario.  Creímos que lo podíamos lograr. Pero no pudimos”.

–¿Por qué?

–Por todo lo que pasó. Nuestra caravana fue en el 2013. A partir de ahí, todos los problemas que surgieron… ¡no pararon!

Además, comenzó la represión por medio de la cárcel.

El padre de Miguel

Aquel año, en 2012, Pedro Peralta, padre de Miguel Peralta Betanzos, fue encarcelado. Éste era un campesino de 56 años en aquel entonces. Junto otros miembros de la Asamblea Comunitaria –encabezada por la figura de Jaime Betanzos– fue a rescatar la camioneta de un vecino que había sido arrastrada al río. Pero resultó que el tequio era una emboscada: personas cercanas al entonces presidente municipal, Manuel Zepeda, trataron de detenerlos.

Todos corrieron. El único que no alcanzó a hacerlo fue Pedro. Sus agresores lo golpearon, lo hicieron pasar una noche en una camioneta oscura y al final le sembraron un arma y levantaron cargos falsos, explican.

Pero Pedro Peralta participaba de forma periférica con la Asamblea Comunitaria. Quien sí era muy activo era su hijo, Miguel.

–Lo de Pedro fue una venganza contra Miguel, asegura Alberto.

Cambio de agenda

A partir de la detención del padre de Miguel, los estudiantes se abocaron a sacarlo de la cárcel. El tema del acompañamiento y el trabajo académico en la comunidad quedó rezagado.

“Hacíamos varios eventos, en apoyo a Pedro, viendo las violaciones a los procesos judiciales. Hicimos también una serie de foros, en el SITUAM, en la ENAH, a participantes de otros movimientos, y vino gente de la CRAC, de los triquis, del Multi, gente de… en ese contexto, platicamos cómo en Eloxochitlán tenían dos modelos: uno que busca el autogobierno, a otro que es un sistema de partidos”, cuenta Alberto.

Pedro salió de la cárcel hasta 2015. Pero en abril de aquel año, detuvieron a su hijo Miguel, por los hechos del 14 de diciembre de 2014.

El día negro

Ese 14 de diciembre, se iba a elegir la figura de alcalde municipal (que es distinta de la de presidente municipal). Sin embargo, las cosas terminaron en un enfrentamiento: por un lado el grupo del presidente municipal (representada por la familia Zepeda) con la policía municipal de su lado. Por el otro, la asamblea comunitaria. El enfrentamiento dejó como saldo a dos muertos (un policía municipal y el hijo de Manuel Zepeda) y siete heridos de bala (todos del lado de la Asamblea comunitaria).

La esposa de Manuel Zepeda sufrió una agresión física muy fuerte: le abrieron la cabeza de un machetazo. Perdió un ojo. Elisa Zepeda, hija de Manuel, también fue agredida.

Esta última, en su primera declaración, señaló a dos personas como las responsables de la agresión. Pero luego, en las declaraciones siguientes, agregó a más personas. Así también algunos policías municipales, cuyas declaraciones son una calca de la de Elisa.

Con esos elementos, policías estatales de Oaxaca detuvieron a Miguel Peralta Betanzos en abril de 2015, cuatro meses después de la agresión. Su familia y amigos sostienen hasta la fecha que él no estaba en Eloxochistlán el 14 de diciembre de 2014. Había sido comisionado para comprar juguetes de Navidad a los niños.

A pesar de que en las primeras declaraciones no es señalado, de que no hay pruebas físicas o de criminalística, y hay testigos que dicen que lo vieron aquel día en la Ciudad de México –entre otras irregularidades–, Miguel fue sentenciado a 50 años de prisión.

Sus amigos no han dejado de ayudarlo. Pero ha sido muy difícil hacerlo. “Las movilizaciones las hacíamos casi siempre acá, no allá. Porque no podíamos ir. Incluso ir, no sólo a Eloxochistlán, sino a Oaxaca se volvió un riesgo para quien fuera”, añade Alberto.

Ya ni se diga realizar trabajo con el resto de Eloxochistlán. “En algún momento, en el acompañamiento con Miguel intentamos acompañar a los otros presos y la comunidad”. Pero el proceso es distinto y diferente. Están en cárceles diferentes, alejadas entre sí. Luego, la dificultad de trasladarse desde la ciudad de México hasta Oaxaca.

La defensa de Miguel apeló, y en segunda instancia, un juez ordenó la reposición de la última audiencia y una nueva sentencia  que, esperan, se dé a conocer en los próximos días.

El 19 de septiembre pasado, Miguel inició una huelga de hambre, después de que se realizara la reposición de la audiencia del caso. El antropólogo mazateco advirtió que no consumirá alimentos hasta recuperar su libertad.

Cortesía: https://piedepagina.mx

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