agosto 21, 2026

Problemas públicos y agenda sistémica, claves para valorar la coyuntura política en Guerrero

“A quienes buscan la gubernatura, las alcaldías y las curules del Congreso del estado les tocará prometer y comprometerse, corresponderá a ellos la no menos importante tarea de dignificar la política con propuestas que sean el resultado de una auténtica sensibilidad de observar, escuchar y hablar con prudencia

RABO DE NUBE

GEOVANNI MANRIQUE PASTOR /

Acapulco, 21 de agosto de 2026. ¿Quién decide lo que importa? ¿Quién determina qué merece presupuesto o el diseño de nuevas regulaciones y qué puede seguir esperando? ¿Por qué unos asuntos logran colocarse en el interés de quienes toman decisiones y otros permanecen a la vista de todos sin más destino que la costumbre? Me lo pregunto ahora que Guerrero se encuentra en el inicio de la coyuntura política por la suceción de la gubernatura, así como de las 85 alcaldías y las representaciones políticas en el Congreso del estado; esa temporada caracterizada por la facilidad de palabra y propuesta, en que todos hablan de todo, en que la relevancia de los ofrecimientos adquiere una dimensión insospechada y en el que la dimensión de los asuntos históricamente dolorosos de nuestra patria chica vuelven a ocupar el espacio de la discusión pública.

La Ciencia Política sin romantizar afirma que el problema público no nace, se construye. Antes de ser problema es apenas una condición, un malestar difuso, un padecimiento privado que se tolera porque siempre se ha tolerado. Se vuelve público cuando alguien lo nombra, lo mide, le atribuye una causa y un responsable y, sobre todo, cuando consigue presentarlo como algo que la autoridad puede y debe resolver. Cobb y Elder lo advirtieron al distinguir entreel vasto repertorio de asuntos que una sociedad discute, que definieron como agenda sistémica; y la agenda institucional, configurada como el catálogo mucho más breve de aquello que el gobierno efectivamente atiende a través de la asignación de recursos humanos, materiales y financieros para intentar resolverlos. Entre una y otra media un abismo que no cruzan los asuntos más graves, sino los mejor construidos.

John Kingdon añadió el tiempo como un ingrediente no menos importante. En ese sentido, la agenda se estructuracuando confluyen los problemas, las soluciones disponibles y la política con sus humores, mayorías y elecciones. Cuando esas tres vertientes coinciden se abre una ventana de oportunidad; quien la aprovecha no es quien más razón tiene, sino quien llega con el problema definido, la solución empaquetada y la terquedad suficiente para empujarla.

En Guerrero esa ventana ya está abierta y dicho sin ingenuidad, la coyuntura sucesoria es, al mismo tiempo, la mejor y la peor oportunidad para construir agenda. La mejor porque nunca hay tantos oídos dispuestos a escuchar como cuando se busca la simpatía de las y los electores mediante compromisos concretos. La peor porque el tiempo electoral suele otorgar un espacio de resonancia a todo lo que cabe en un espectacular, en una publicación en cualquier red social, pero castiga todo aquello que al exigir explicación encuentra mutismo. 

Entonces ¿Cómo se construye la agenda pública? De manera tentativa nombrando las cosas que nos aquejan porque lo que no se nombra no existe políticamente; intentando darle una dimensión cuantitativa porque sin evidencia cualquier reclamo es pura anécdota; tratando de revestir el asunto con una narrativa que explique orígenes, causas, efectos y consecuencias porque los datos no conmueven si no cuentan algo que alguien reconozca como propio.

A quienes buscan la gubernatura, las alcaldías y las curules del Congreso del estado les tocará prometer y comprometerse, corresponderá a ellos la no menos importante tarea de dignificar la política con propuestas que sean el resultado de una auténtica sensibilidad de observar, escuchar y hablar con prudencia. A la ciudadanía desde su pluralidad, la academia desde la multidisciplina y la transdiciplina, así como las organizaciones desde la pertinencia de sus exigencias y demandas, corresponderá una misión más compleja; a decir, convertir nuestras urgencias en asuntos formulados con tal precisión que resulte costoso ignorarlos después de la elección. Por eso es oportuno afirmar que la agenda pública no se decreta desde el poder y tampoco se improvisa en campaña; se disputa intensamente en la búsqueda de integrar oportuna, consciente y honestamente las necesidades de la ciudadanía desde un enfoque incluyente, humano, solidario, pertinente. La disputa ya comenzó.

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