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La comunidad indígena es considerada “zona de arsénico”, lo cual ha traído padecimientos de autismo, cáncer, dermatitis, malformaciones e inflamación entre la población

 

ALEJANDRO GÓMEZ ANG   /

 

Tlamacazapa, 12 de noviembre de 2019. La fundadora del Centro Comunitario Atzín, Susan Smith, reveló la existencia de plomo, arsénico, cadmio, mercurio y aluminio en el agua de uso doméstico y suelo de la comunidad indígena de Tlamacazapa que es considerada como “zona de arsénico”, lo cual ha traído padecimientos de autismo, cáncer, dermatitis, malformaciones e inflamación entre la población, relacionados al problema de la contaminación con esos metales pesados.

Al reunirse con autoridades municipales para darles a conocer el diagnóstico sobre la problemática en esa localidad, la activista evidenció las fallidas políticas públicas gubernamentales emprendidas para el combate a la pobreza aguda y drogadicción, así como el retroceso alarmante en educación, abastecimiento de agua potable y nutrición en la localidad.

Smith señalo que de acuerdo con estudios de laboratorio de Estados Unidos (EU) se detectó la presencia de metales pesados en el suelo, agua y la pintura utilizada para decorar las artesanías en palma, lo que ha generado una energía altamente tóxica en el cuerpo humano producto de una combinación con organismos desnutridos.

Informó que durante 10 años y de manera mensual se obtuvieron muestras del suelo de Tlamacazapa, del agua y la pintura utilizada para las artesanías de palma que fueron enviadas para su análisis, lo que confirmó la presencia de plomo, arsénico, cadmio, mercurio y aluminio que están afectando la salud de la población indígena.

“Tú y yo podemos estar expuestos a plomo o arsénico pero los sacamos del cuerpo por medio de la orina u otras vías, pero la gente desnutrida va acumulando esos metales y su color de piel cambia al grado de generar gangrena en alguna parte del organismo que termina por desprenderse, por lo que se debe entender y atender con urgencia el efecto de varios metales en el cuerpo humano que aumenta la toxicidad”, aseguró.

La activista canadiense que ha desarrollado distintos trabajos comunitarios en países como África donde se tienen registros alarmantes de pobreza, recordó que en el 2005 se dio parte a las autoridades de los distintos niveles de gobierno sobre la problemática de Tlamacazapa y se les compartieron los resultados para su análisis respectivo, pero la recepción no fue la adecuada y por el contrario se culpó a su agrupación por haber descubierto el problema.

Susan Smith, defendió que esos resultados fueron 100 por ciento hechos científicos y no buscaban ni pretenden destruir alguna cultura, formas de vivir o sistemas de gobierno, sin embargo, hace 14 años cuando se difundió el grado de contaminación de la comunidad “la situación explotó” al grado de que su equipo de trabajo tenía que andar en patrullas por todo lo ventilado.

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