junio 5, 2026

Telmex y la biblioteca callejera

ROBERTO RAMÍREZ BRAVO /

Acapulco, 01 de junio de2026. Una iniciativa ciudadana, impulsada por el creador de la revista Qué tal, Armando Valencia Peña (Armando Vape, como le conocen), ha puesto a la empresa Teléfonos de México en la mira de los acapulqueños.

No se trata, como podría pensarse quizá naturalmente, de una falla técnica que mantenga incomunicadas a numerosas familias o empresas, ni de un problema de altos cobros o de un mal servicio. Esta vez, se trata de algo distinto: de una biblioteca callejera.

Según él mismo ha relatado, un buen día Armando Vape tuvo la idea de utilizar algunas de las numerosas casetas telefónicas de Telmex que se encuentran abandonadas, para un beneficio colectivo. Como se sabe, estas casetas eran utilizada para hacer llamados a números telefónicos domiciliarios con el uso de monedas, una tradición que viene desde los tiempos iniciales de la telefonía, pero que quedó en desuso con el auge de los teléfonos celulares.
No obstante que ya no servían para nada, la empresa de Carlos Slim mantuvo las casetas en los mismos lugares donde alguna vez prestaron un servicio. Todavía conservan en su mayoría el aparato telefónico y el teclado, pero algunas han sido rayadas, o usadas como espacio para colocarles encima alguna basura, como envases vacíos de refrescos, aguas u otros objetos.

Así que, al verlas ese día, a Armando Vape se le ocurrió que podían volver a servir para algo dentro de la comunidad, y pensó en una biblioteca callejera. “En caliente”, sin mayor planeación, puso manos a la obra, las limpió, colocó unas repisas en tres de estas casetas, y les dejó libros. Algunas personas lo acompañaron, limpiaron, colocaron stickers para promover esta inusual biblioteca.

El objetivo del proyecto es compartir algún libro, que la gente lo pueda leer ahí o llevárselo, como una estrategia para compartir y fomentar la lectura.

Pero muy poco duró el gusto: personal de Telmex retiró días después las repisas, se llevó los libros, y se acabó con la ilusión. La razón, según explicaron a Armando, es que las casetas deben estar limpias, y eso es todo. Tampoco devolvieron los libros que se llevaron.

Entonces Armando Vape rehízo el camino, quizá como debió hacer desde el principio. Se presentó en la empresa y pidió la autorización para usar las casetas abandonadas, como una opción para compartir entre los acapulqueños algo de cultura a través de los libros prestados o regalados, solo que la empresa hasta el momento no ha hecho ningún comentario ni dado ninguna respuesta a la petición.

Este embrollo, sin embargo, ha echado luz sobre algo a lo que nadie le había prestado atención: ¿hasta qué punto tiene permitido, y por qué, la empresa Telmex, mantener por toda la ciudad una infraestructura que no sirve nada, en el espacio público? Hay que recordar que las casetas están colocadas sobre banquetas y en parques o jardines que pertenecen a la ciudad. Antes, se entendía; pero ahora, ¿cuál es la razón para que sigan existiendo?

Lo otro, ¿es lesivo para la empresa de Carlos Slim el que se puedan dignificar estos espacios, dándole un uso que permita el intercambio cultural, ciudadano y libre? ¿O por qué oponerse al proyecto? Si Telmex tiene otros espacios de contribución a la comunidad como, precisamente, una biblioteca digital abierta al público, ¿por qué no darle un giro a estas casetas abandonadas?

El proyecto de la biblioteca callejera, que ha recibido respaldo de algunos sectores de la comunidad acapulqueña, no plantea cambiar la estructura exterior de las casetas, ni la imagen institucional de las mismas (logo, publicidad de Telmex), sino solo conservarlas y que sirvan como una activación de espacios urbanos en desuso, la recuperación de espacios ciudadanos y el fortalecimiento del tejido comunitario en la ciudad.

Van dos solicitudes que Vape presenta a los representantes de Telmex en el puerto, y hasta el momento no ha habido respuesta. Habrá que esperar, porque, dice su autor, la biblioteca callejera va porque va.

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