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ROBERTO RAMÍREZ BRAVO   /

 

El ex gobernador Ángel Aguirre Rivero ha dado pasos para apoderarse de lo que queda del PRD, a través de la corriente Izquierda Progresista de Guerrero (IPG), que él fundó cuando era gobernador.

Con ello, da una muestra clara de que no entendió el mensaje que la población envió a los partidos políticos, en particular al PRD, al que habría hecho perder el registro de no ser por el artilugio de que si bien no alcanzó el 3 por ciento de la votación efectiva en la elección presidencial, al menos logró sobrevivir a la debacle en las otras elecciones, del Congreso.

El mensaje de la ciudadanía es que ya no quiere prácticas políticas clientelares, abusivas a partir de que un personaje tiene el poder político o económico y cree que eso le da derecho a decidir por la sociedad entera. Ya no quiere caciquismo, pues.

El PRD también fue castigado por su alianza con la derecha, o más específicamente, por su sumisión a la derecha radical que Ricardo Anaya representaba incluso dentro de su propio partido, el PAN, y por haberse convertido en enemigo de Andrés Manuel López Obrador, quien dos veces le salvó el pellejo al perredismo, como ahora lo hizo con Morena.

Así, lo que Aguirre Rivero busca es apoderarse de un cascarón. Creer que es un buen negocio porque lo compra quebrado y a buen precio, es una apuesta equivocada, porque el PRD, como el PRI, tardará muchos años en reposicionarse, si lo logra. La diferencia entre el PRD y el PRI, es que mientras en el primero ha hecho de la división interna una normalidad, en el segundo prima la disciplina, y la unidad obligatoria, pero unidad al fin. En el camino cuesta arriba que ambos tendrán que enfrentar para sobrevivir, estas particularidades pueden ser decisivas. Y para ejemplo, basta un botón: no bien se presentó Aguirre como el salvador a través de IPG, cuando la otra corriente hegemónica, Nueva Mayoría, le mostró que no tendrá el escenario para él solo.

Aguirre Rivero ha sido hasta ahora el candidato a gobernador que mayor votación ha recibido en la historia de Guerrero, superando incluso a Zeferino Torreblanca Galindo, quien sacó por primera vez al PRI tanto de Acapulco como de Casa Guerrero. Sin embargo, una muestra de que los tiempos han cambiado, es que una sola fórmula –ni siquiera en una candidatura de gobernador- ha opacado el triunfo aguirrista de 2011. Se trata la de fórmula al Senado de Félix Salgado y Nestora Salgado, quienes superaron al ex gobernador ometepequense por 100 mil votos.

Ahora la pregunta es: ¿qué es lo que pretende Ángel Aguirre? Unos dicen que quiere ser dirigente estatal del PRD, otros, que quiere presentarse en 2021 como candidato a alcalde de Acapulco, otros, que incluso quiere ser comisario, pero seguir en la arena política. El caso es que Aguirre Rivero, quien mantiene una confrontación con su antecesor Zeferino Torreblanca, no hace sino seguir los pasos de este.

Es decir, desde su posición histórica, ambos bajaron la mira para buscar puestos menores, en lugar de buscar posiciones superiores a las que ya han tenido. Y así Aguirre podría seguir el camino de su adversario: terminar buscando la alcaldía de Acapulco para venir perdiendo en el nada histórico tercero o cuarto lugar.

Otra cosa es si Aguirre tiene autoridad moral para liderar al PRD. En todo caso, pensado en términos estrictamente partidistas, el ex gobernador tendría que explicarle a esos perredistas que pretende dirigir, cómo es que él apoyó (según sus propias palabras) al candidato presidencial del Morena, Andrés Manuel López Obrador, mientras abrazaba la causa perredista. Y a los ciudadanos, explicarles por qué prefirió apoyar a Jacko Badillo y no a Adela Román, si su lógica era apoyar el proyecto lopezobradorista.

Aguirre es un político hábil y varios que han sido sus colaboradores están ahora enquistados en Morena -por ejemplo, Arturo Martínez Núñez, Marco Antonio Cabada-, en el PRD y en el PRI -por ejemplo, Sofío Ramírez, Juan Salgado Tenorio, incluso Irene Panchi en la campaña de Ricardo Taja-. Pero él no encaja en ninguna parte. En Morena no fue invitado públicamente a refrendar el apoyo que ofreció a López Obrador. Su principal aliado en ese partido, Marcelo Ebrard, será canciller, es decir, estará donde su función consiste precisamente en no estar cerca; en el PRD se le ve como un cacique con capacidad para comprar apoyos e imponer candidaturas (como la de Jacko, a quien ya algunos perfilan para la dirigencia estatal del PRD, pese a su reciente ingreso), o como un adversario al que no hay que dejar pasar. Y en el PRI, definitivamente no se le ve de regreso.

Sin embargo, ahora Aguirre pretende recoger las cenizas del PRD y con ello erigir una especie de imperio personal. Tal vez lo logre, pero será un triunfo al estilo Pirro, una victoria a un costo demasiado alto, porque lo que conseguirá será un cascarón, de cuya división será además un alegre promotor. Dicen también que quiere postularse desde ahí como candidato a alcalde de Acapulco cuando pase -en tres años, estima él- el tsunami de Morena. Quizá lo logre, pero también podría correr la misma suerte que su archienemigo Zeferino Torreblanca, y al final ambos terminarían viéndose en el mismo espejo.

Cuando se mire en esa atalaya tal vez Ángel Aguirre pensará que está en el corazón del imperio, pero, tal vez, solo será como estar en una comisaría.

Acapulco, 09 de julio de 2018.

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