Rabo de Nube
- “Acá, siempre, todo está por hacerse, que tenemos todo por delante, que cada paso dado, en cualquiera de los ámbitos de la vida pública en nuestra entidad, es la oportunidad de mitigar añejos problemas y de saldar deudas…”
GEOVANNI MANRIQUE PASTOR /
Abro el ordenador y lo primero que me propongo hacer, como cada mañana, después de tomar un sorbo de café, es abrir las páginas de los diarios que cotidianamente leo a primera hora; La Jornada, El País, The New York Times, El Universal, Reforma, El Sur, El Guerrero y La Plaza Diario, muestran en sus portadas la información, los acontecimientos, el reporte acucioso, las opiniones diversas y plurales en un mundo que no se cansa de girar, que implacable, no se detiene, no espera; un mundo que contiene, en una inimaginable diversidad, a la especie humana, esa especie que se granjea de dominarlo todo, aunque en realidad quizá la más evidente de sus virtudes es la capacidad destructiva de todo o casi todo, que no es lo mismo pero es igual, en su deseo de mantener bajo su control el equilibrio del mundo y el universo, desde el invisible mundo subatómico de partículas indivisibles hasta el perfecto orden de las galaxias imaginadas pero aún inexploradas.
Y ahí, al igual que tú, de la misma forma que todos los que esperan con esperanza, soñando que algo cambie el rumbo y dirección del caos que somos, leo letra a letra, palabra a palabra, frase tras frase -impávido pero asombrado-, las contradicciones de Israel en su intervención inhumana en Palestina, que es hoy Holocausto y genocidio; tal como ellos lo fueron ante Alemania Nazi en los campos de concentración. Y luego, con frustración leo la dolorosa situación de hambruna en países como Sudán o Myanmar, Somalia o Mozambique; para después, perderme en el asombro que causa el poder de la naturaleza que nos pasa factura aquí y allá, con lluvias torrenciales, sequías prolongadas, ráfagas de viento, temperaturas extremas.
Casi sin aliento, repaso el acontecer nacional en el que son perceptibles los denodados esfuerzos para hacer realidad el sueño de millones de mexicanos, constituirnos como una nación libre, justa, independiente y cada vez menos desigual. Leo con avidez la contundencia en los argumentos de la primera presidenta de nuestro país, que una y otra vez, con serenidad y elocuencia, atina en explicar no sólo de qué va la continuidad del proceso político que significa la Cuarta Transformación de la vida Pública del país, sino en describir y anunciar cada una de las acciones que dan coherencia, pertinencia y ecuanimidad no ya al proceso de cambio, sino a la normalidad en la estabilidad política que implica el proceso de modificación de valores y mentalidades, al que por supuesto debe continuar el constantes ajuste y cambio de estructuras de poder, normas y reglas del juego para intentar estar a la altura de los desafíos y retos que el ejercicio gubernamental en la toma de decisiones significa; deslumbrado, percibo que la política en México ocupa hoy un lugar, una dimensión nunca antes vista en la cotidianidad ciudadana a través de su cada vez más sustantiva intervención en los asuntos de orden público, no sólo diciendo, sino también movilizándose y cuestionando. Y con curiosidad, escruto las desesperadas diatribas de una oposición que, sin argumentos, sin dirección, programa ni rumbo, no atina a constituirse siquiera como voz crítica para una democracia, que puede tener fragilidades e imperfecciones, pero con creces ha demostrado haberse convertido en un modelo político que se legitima al haber dejado de ser únicamente un mecanismo de selección de autoridades y representantes para convertirse, de manera seminal, en la forma de vida de sus ciudadanas y ciudadanos.
Animado de ver la intensidad de la vida pública nacional, llega la hora de leer la cotidianidad de nuestra patria chica, de mi incalculablemente queridísimo Guerrero; es cuando comprendo que acá, siempre, todo está por hacerse, que tenemos todo por delante, que cada paso dado, en cualquiera de los ámbitos de la vida pública en nuestra entidad, es la oportunidad de mitigar añejos problemas y de saldar deudas, para cerrar brechas de desigualdad, oprobio e injusticia, con un pueblo generoso y diligente que ha sabido dar sin esperar nada a cambio en cada una de las coyunturas políticas, económicas, sociales y culturales por las que se ha forjado nuestra identidad nacional, desde la revolución de independencia hasta la alternancia electoral por la que se constituyó este momento político que se afirma como punto de inflexión en la forma de conducir los destinos de la vida pública del país.
La realidad guerrerense, su cotidianidad, es el reflejo de siglos de dominación, explotación y humillación; también, es consecuencia del pragmatismo con que se ha conducido la clase política desde su fundación y la mirada cortoplacista en la toma de decisiones para atender y resolver los verdaderos problemas de nuestro sur, porque ¿De qué otra forma entendemos la irresuelta situación de pobreza, marginación y desigualdad de nuestros pueblos originarios?
Continuamos con el desafío de trabajar incansablemente en la definición acuciosa, meticulosa y detallada de los cambios necesarios tanto a nivel de las estructuras de poder y el diseño de nuestras instituciones políticas, gubernamentales y administrativas, como en los ajustes de las normas y reglas nos permitan vivir con tranquilidad, planitud y armonía; pero fundamentalmente, por transformar valores, conductas y actitudes, que abran la posibilidad de transitar hacia un modelo de vida plenamente democrático, con ciudadanos que puedan despreocuparse por qué hacer para llevar el pan de cada día para ocuparse en los asuntos de la comunidad y una clase política que vea en la política una vocación más que una forma de vida y subsistencia, que asuma el oficio político más como un fin que como un medio y por necesidad que atisben en la política una forma de atender, gestionar y eventualmente resolver las demandas y exigencias de sus representados.
Yo creo firmemente en los esfuerzos de la primera mujer que conduce los destinos de nuestra entidad; confío en que, incansablemente, trabaja para atender a su ciudadanía. Pero además, estoy convencido que en las condiciones adversas en que le ha tocado gobernar, como consecuencia de los fenómenos naturales así como la fragilidad económica condicionada por las reglas del juego de las finanzas públicas, ha logrado definir una ruta de acciones de política pública con un alto contenido social y con un denodado compromiso con el pueblo de Guerrero en el corto y largo plazo.
Y sí, tenemos aún todo por delante por hacer, porque una y otra vez, a lo largo del devenir del tiempo, ha quedado manifiesta la voluntad del Dios de Spinoza de ser el punto geográfico desde donde se continúen escribiendo las páginas de la Historia patria; pero, más importante aún, somos un pueblo que, al ser elegido, está investido con las incalculables virtudes de la humildad, diligencia, generosidad, templanza y paciencia.
Si me dijeran, pide una deseo…
yo, igual que Silvio, pediría un rabo de nube, un torbellino en el suelo, un tornado pues, que se llevara lo feo y nos dejara el querube. Y es que en un mundo como el que nos tocó vivir, no hay mejor deseo que ese descrito por el cantautor y poeta cubano, contemporáneo a nosotros todos. Un tornado, un torbellino, un espiral que barra las tristezas, el hastío, la frustración; pero también, un aguacero vengador que, al escampar, nos muestre la belleza esperanzadora de un mundo mejor, o por lo menos diferente.




