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”Sin la perseverancia de la estalactita, el talento no es más que un fuego fatuo”: Rosa Montero

Rabo de nube
GEOVANNI MANRIQUE PASTOR /

Acapulco, 21 de enero de 2026. La cuarta transformación de la vida pública de México es el resultado de un proceso de profundización de la democratización a través de un movimiento político-social que ha buscado –en su génesis y pervivencia– regenerar, reemplazar o en su caso restaurar, aquellas partes de la arquitectura política nacional y local, que no han funcionado o lo ha hecho de manera corrompida, pervertida o degenerada.
No se trata de un cambio de régimen sino de un cambio en el régimen político; es decir, avanzar en el proceso democratizador iniciado en 1977 con las reformas liberalizadoras que permitieron a la oposición de izquierda integrarse al juego electoral, continuado en 1997 con la instauración de un sistema electoral competitivo, pero carente hasta 2018 de una forma tangible de conocer sus resultados en la cotidianidad de la ciudadanía; es necesario pues, transitar de lo procedimental a lo sustantivo, caminar de la incertidumbre sobre los resultados electorales y la certidumbre de las reglas en la competencia entre fuerzas políticas que representan un amplio espectro de ideas, preceptos y programas políticos, a la materialización de la democracia como una forma de vida que la ciudadanía percibe, en su cotidianidad, a través de los bienes y servicios que el Estado, a través de sus poderes públicos, ofrece para garantizar su tranquilidad, confort, convivencia armónica y paz.
Aún cuando son perceptibles un conjunto de cambios a nivel de estructuras de poder a través del rediseño del funcionamiento del servicio público, normas y reglas del juego mediante nuevas regulaciones, así como a nivel de actitudes, valores y mentalidades de la comunidad política; aún queda un importante trecho por recorrer, para hacer de México una democracia consolidada con estándares de vida dignos para sus ciudadanos y para la sociedad en general. Si bien hoy contamos con el reconocimiento constitucional de un importante bloque de derechos sociales que tienen el objetivo de mejorar los estándares de vida de los más desprotegidos y vulnerables y con ello reducir las brechas de pobreza, marginación y desigualdad; siguen estando pendientes un número importante de cambios que mejoren el funcionamientos de la vida pública de nuestro país.
El número cabalístico alcanzó al proceso de la 4ta Transformación de la vida pública de México; acompañado sí, con la fortuna que significa el importante respaldo y aceptación de un amplísimo segmento de la ciudadanía. Pero también, con un cúmulo de asuntos que es preciso atender sin dilación, a los que es necesario hacer frente, en el contexto de la disputa política, del debate público que ha generado, entre propios y extraños, el conjunto de decisiones que enrutan a nuestro país hacia una democracia sustantiva. Ha llegado la hora de reflexionar, de conversar, de argumentar y debatir –por el momento- sobre el conjunto de cambios de las normar y reglas de juego en torno a los procedimientos y mecanismos de selección de autoridades y representantes políticos; la Reforma electoral, es un proceso continuo, necesario y pertinente, para permitir que las competencia política en el contexto democrático que vivimos siga siendo transparente, competitivo, con certidumbre, y también que sea menos costoso. Quizá ahí se encuentra el nudo gordiano que tiene preocupado a un segmento importante de la clase política; quizá llegó el momento, de transitar hacia u modelo político que en su austeridad siente las bases por una competencia más comprometida.

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