Festival Internacional La Nao. Una responsabilidad compartida con Acapulco.
RABO DE NUBE
GEOVANNI MANRIQUE PASTOR /
Acapulco, 3 de noviembre de 2026. Cancelar el Festival Internacional La Nao significa debilitar un espacio donde Acapulco reconoce su historia y proyecta su diversidad cultural. Las dificultades financieras municipales exigen respuestas responsables, pero no deberían conducir a renunciar a un encuentro cuyo valor es ya incalculable. Su permanencia debe asumirse como una responsabilidad pública compartida, sostenida mediante planeación, gestión y participación social.
El festival internacional La Nao recupera una dimensión fundamental del puerto, como el punto nodal de intercambios económicos, políticos y culturales entre Asia, América y Europa, articulados alrededor del Galeón de Manila; aquella conexión, transportó mercancías, conocimientos, creencias y expresiones artísticas, por eso esa memoria permite comprender a Acapulco como un territorio de encuentros, cuya identidad merece difundirse entre sus habitantes y ante el mundo.
A través de distintas administraciones, el festival ha construido una continuidad que representa un logro institucional; desde sus inicios, bajo la idea promovida por el entonces presidente municipal y ahora senador con licencia Félix Salgado Macedonio, con las consecutivas ediciones que han contenido características diversas en cada periodo constitucional y con algunos ajustes, como la edición de 2023, aplazada por el huracán Otis, que se realizó en febrero de 2024, la experiencia demuestra que las contingencias pueden modificar fechas y formatos sin extinguir un proyecto cultural. Lo construido merece fortalecerse, evitando que cada gobierno vuelva a discutir su supervivencia.
La Nao constituye una plataforma para las expresiones artísticas locales y regionales; su valor reside en las oportunidades que abre a músicos, actores, bailarines, escritores, artesanos y promotores, en los públicos que forma y las comunidades que incorpora. Ese patrimonio cultural e identitario se ha forjado con el esfuerzo del talento local, cuya aportación merece reconocimiento, remuneración digna y continuidad.
Sostener el festival exige superar la dependencia de la voluntad política del gobierno en turno. Hace falta un decreto de creación o un instrumento normativo que consolide su existencia, precise objetivos, distribuya responsabilidades y establezca mecanismos permanentes de organización y financiamiento. Su estabilidad requiere articular planeación, programación y presupuesto, con participación de la comunidad cultural y reglas que trasciendan los periodos gubernamentales.
Ante la insuficiencia de recursos propios, el Ayuntamiento debe asumir plenamente su función gestora, solicitar el apoyo y solidaridad de los gobiernos estatal y federal, presentar una propuesta viable y buscar aportaciones para realizar esta edición, incluso en condiciones de austeridad. Corresponde también al gobierno municipal reducir gastos accesorios, aprovechar espacios públicos y priorizar una programación de calidad; la restricción presupuestaria es una ventana de oportunidad para que desde una perspectiva estratégica se construyan soluciones y acuerdos verificables.
Si la capacidad municipal resulta insuficiente, las autoridades estatales y federales deberían intervenir para impedir la interrupción de este patrimonio colectivo; su participación puede concretarse mediante recursos, infraestructura, asistencia técnica y colaboración artística. Preservar un encuentro de esta naturaleza exige corresponsabilidad entre órdenes de gobierno. El esfuerzo acumulado por generaciones de creadores no debería quedar desprotegido ante una dificultad financiera coyuntural.
Acapulco necesita infraestructura, servicios y confianza; también necesita espacios para encontrarse y reconocerse, defender La Nao significa resguardar una construcción colectiva que pertenece a la ciudad y compromete a sus instituciones. El municipio debe gestionar; el estado y la federación, contribuir a una solución. Antes de cancelar, corresponde agotar las alternativas. Que la austeridad ajuste el formato y obligue a administrar mejor, sin borrar del calendario un encuentro que mantiene viva nuestra memoria.




