junio 10, 2026

Coahuila: el mensaje para Guerrero

ROBERTO RAMÍREZ BRAVO    /

Acapulco, 09 de junio de 2026.

El senador priista Manuel Añorve Baños aparece de pie, sonriente, y con el dedo señala un letrero a su derecha, en el que se muestra una leyenda, acompañada del logotipo del PRI, que dice: “Coahuila, aquí cumplimos”. Es una imagen de su cuenta de Facebook publicada el lunes. Le acompaña un texto: “En Coahuila quedó claro que sí se le puede ganar a Morena. Que nadie se confíe: el 2027 empieza hoy”.

La publicación alude al resultado preliminar de la elección en ese estado donde se eligieron 16 diputaciones locales de mayoría, y donde el tricolor se habría quedado con todas.

La felicidad de Añorve es comprensible, pues este triunfo, aún provisional, le da al PRI un respiro. Y, en la lógica de que el 2027 empieza hoy, y que el propio senador es hasta ahora la figura priista más destacada para la gubernatura de Guerrero el próximo año, si el patrón se repite, sería natural que esté pensando en suceder a la gobernadora Evelyn Salgado Pineda.

Pero, ¿realmente existe esa posibilidad?

La lógica del triunfalismo priista se explica en la idea de que, como dice la imagen de Facebook, se le puede ganar a Morena. Así sea sin reparar en lo que haya que hacer para conseguirlo.

Eso, sin embargo, tiene sus asegunes.

Primer dato: Coahuila no es Guerrero. Coahuila es el único estado en el país donde siempre ha gobernado el PRI. Ahí lo más cercano a una alternancia es que el actual gobierno llegó en alianza con un partido local, mientras que Guerrero es un estado que tiene una consolidada experiencia con gobiernos distintos al tricolor.

En Coahuila, a pesar de que hay movimientos sociales importantes, como un bastión significativo del magisterio, el sindicato de mineros, los trabajadores organizados de la siderúrgica Altos Hornos de México y otros estudiantiles, de mujeres, de salud, que han dado una lucha permanente por sus derechos, Morena no ha podido consolidar su presencia y ha caído muchas veces en divisionismo interno. Guerrero, en cambio, tiene a Morena como el partido con mayor intención del voto a su favor.

Segundo dato: el resultado de Coahuila aún no está firme, no solo porque falta el conteo oficial, que inicia el miércoles, sino porque durante el proceso y la jornada electoral hubo tantas irregularidades que podría anularse la elección. Los fraudes electorales siempre han ocurrido, pero han sido como leyendas urbanas, difíciles de documentar. En Coahuila todo fue diferente: hubo videos de sobra para ver a la policía hostigando, golpeando, deteniendo a morenistas, incluso agrediendo a los diputados federales de Morena que documentaban los hechos. Los hubo suficientes para mostrar que en una y otra y otra casa se estaba pagando por el voto; videos para explicar exactamente cómo se operó la estrategia de los códigos QR y de qué hizo la gente para demostrar que había votado por el tricolor. Inclusive, Morena consiguió el padrón completo y el programa de los QR para presentar una denuncia que podría tumbar la elección.

Dato número tres: en Coahuila existe una dinastía priista claramente consolidada, mientras que el PRI de Guerrero ha habido una diáspora en los últimos años, de tal modo que su último candidato a la gubernatura, y su último gobernador, y su último dirigente estatal, andan cada uno por su lado en partidos distintos, y cada uno acompañado de quienes fueron sus equipos cercanos, lo que prácticamente ha dejado a ese partido sin su cúpula política.

Visto así el asunto, parece que habría que bajarle algunas rayitas al triunfalismo que cree que lo de Coahuila podría trasladarse en automático hacia Guerrero.

Pero, por la otra parte, también vale la pregunta incómoda: ¿realmente es imposible trasladar el triunfo del norte al sur? ¿O se puede, si se aplican ajustes?

Veamos: en la elección local de 2005 en Acapulco, el tricolor perdió ante el PRD y quedó en un histórico tercer lugar en la elección, con alrededor de 12 mil votos en una competencia que se gana con más de 100 mil. Tres años después, en 2008, apareció un candidato para buscar rescatar el cascarón.

Ese candidato era Manuel Añorve. Todo mundo pensó que el PRI volvería a perder, con el estado gobernado por el PRD, pero la imposición de una candidatura perredista impopular, la división que se generó entre los grupos perredistas por esa designación, y la separación de los tres partidos que habían sido aliados en los últimos comicios -PRD, MC y PT-, más los oficios del propio candidato priista, dieron un resultado impensable: Añorve gobernó de 2008 a 2011 sin problema.

Por eso él cree que puede ganarle al partido hegemónico, si se dan las condiciones, y si en Morena se repite una postulación como la del PRD en 2008.

Cada quién sacará sus cuentas, pero ahí está Coahuila con un mensaje para Morena: “que nadie se confíe”.

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