junio 5, 2026

En Aguascalientes, celebran 25 años del Bachilleres 39: una escuela levantada “a mano” y defendida “aunque nos querían encarcelar”

  • “Nos costó mucho trabajo hacer el bachiller”, narran pobladores; “llegamos hasta que nos echaron presos a unos cuantos”

REDACCIÓN /

Aguascalientes, 15 de noviembre de 2025. En la comunidad rural de Aguascalientes, en la denominada zona rural de Acapulco, el que los y las jóvenes pudieran estudiar la “prepa”, era un anhelo colectivo. Por eso, este 14 de noviembre, cuando se montó un escenario frente a la comisaría municipal y empezó el desfile por las calles del pueblo para celebrar los 25 años del Colegio de Bachilleres Plantel 39, muchos de sus habitantes recordaron no solo la fiesta, sino la lucha que le dio origen. Esa lucha llegó a demandas y órdenes de aprehensión por la disputa del terreno donde hoy se asienta la escuela.

El festejo reunió a varias generaciones. Hubo banda de guerra, porristas, comparsas, y una estructura de fuegos artificiales que, iluminada, decía “Orgullosamente Bachilleres”. Pero para la gente de Aguascalientes, la celebración es también un recordatorio de lo que costó tener una escuela de nivel medio superior en esta comunidad.

La señora Eloísa Silverio Marcial, habitante del pueblo y una de las mujeres que participó en la organización y defensa del terreno donde hoy se encuentra el plantel, recuerda que al inicio el bachillerato no tenía reconocimiento oficial. “Primero no era escuela. No estaba reconocida. Era bachiller por cooperación”, explica. Los padres pagaban cuotas, se reunían para limpiar el terreno y, con materiales rústicos, levantaban salones donde sus hijos pudieran estudiar. “Las primeras aulas se hicieron de hueso de palma. Allí estudiaban. Así empezamos”, cuenta.

El plantel funcionó así por años: con maestros que llegaban por invitación comunitaria, cuotas que iniciaron en 50 pesos y con aulas que se reforzaban según las posibilidades de cada familia. “Comenzó con 50 pesos, luego 80, luego 120. Ya lo último eran 200 cada seis meses”, recuerda Marcos Hernández Tornés, uno de los habitantes que pugnó por que existiera la escuela.

La historia del Bachilleres 39 está marcada por la disputa por el terreno donde hoy está construido. Eloísa relata que hubo amenazas y momentos de tensión: “Nos querían encarcelar. Yo no caminaba por la carretera porque tenía miedo de aprehensión. El señor decía que era el dueño. Yo siento que no era el dueño. Él nada más tenía su corral. Eso era del pueblo”. Para defender el predio, los vecinos hicieron guardias nocturnas. “Dormíamos allá. Nos turnábamos. Hasta que logramos quitárselo. Gracias a Dios se logró”, dice.

Marcos Hernández, hijo y nieto de fundadores del poblado, recuerda que inicialmente en ese predio estaba proyectada la secundaria. “Allí se iban a hacer tres aulas porque iba a ser la escuela secundaria. De ahí empezó todo”, relata. Sin embargo, cuando la comunidad solicitó un bachillerato y la autoridad educativa autorizó la creación del plantel, decidieron orientar el espacio para ese nivel escolar. “Se pidió el bachiller y nos lo dieron, pero se requerían aulas. Acordamos que se quedara el bachillerato y que la secundaria se buscara en otro espacio”, explica.

Las dificultades no terminaron allí. Hernández Tornés recuerda que parte del conflicto provenía de vecinos que se oponían al uso del terreno para la escuela. “Nos costó mucho trabajo hacer el bachiller, porque las personas de enfrente no querían. Decían que ese terreno era de ellos y siempre se opusieron. Llegamos hasta que nos echaron presos a unos cuantos”, afirma. Aun así, la comunidad insistió, organizó asambleas y construyó las primeras aulas. “Empezamos a hacer aulas de costilla, de hueso de palma. Varias, para primero, segundo y tercero. Íbamos a invitar maestros que quisieran trabajar”, relata.

A pesar de las dificultades y la disputa legal, el bachillerato pronto empezó a atraer jóvenes de distintas localidades de la región rural. “Venían de Tasajeras, de Apanhuac, de Las Cruces, del Rincón, de la Concepción, de El Carrizo”, recuerda Eloísa. Ella incluso dio hospedaje a un estudiante que no tenía cómo regresar a su comunidad todos los días: “Estuvo un niño de Apanhuac. Dormía aquí. Yo le lavaba su ropa, le daba de comer”.

Hoy, muchos de aquellos jóvenes que estudiaron en salones improvisados son profesionistas. Eloísa lo dice con orgullo: “Se fueron adelante como pajaritos. Ya tienen su profesión. De algo sirvió su estudio”.

El anhelo se cumplió, tras años de gestiones, se logró obtener la clave oficial que reconoció la escuela como Colegio de Bachilleres Plantel 39. “Luchamos por la clave. El gobierno ayudó y ya se quitó la cooperación”, cuenta Marcos Hernández Tornés. Para Eloísa, el cambio se ve en cada rincón del plantel: “Ya está bien bonito. Ya salen los niños con sus papeles bien arreglados. Gracias a bachiller por cooperación mi hijo es maestro y director. Y mi nieta está estudiando enfermería”.

Cristian Angelino, exalumno y maestro de ceremonias en el evento de conmemeoración, recordó que de este plantel han egresado “abogados, licenciados, médicos, doctores”.

Veinticinco años después, el Bachilleres 39 es uno de los símbolos más fuertes de organización comunitaria en la zona rural de Acapulco: un plantel levantado a mano, sostenido por su gente y convertido en escuela oficial gracias a quienes, aun con amenazas y carencias, decidieron que sus hijos e hijas merecían estudiar.

Con información de Cristian Angelino

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