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MIGUEL ÁNGEL ARRIETA   /

 

Acapulco, 29 de enero de 2020.

Antes de entrar a la zona de sobrecalentamiento que antecederá al proceso para elegir nuevo gobernador en Guerrero, Héctor Astudillo Flores envió el mensaje de neutralidad desde el que debe partir el enfoque de un cambio de administración sin zozobra, que sirva para desactivar cualquier indicio de incertidumbre y enfríe ánimos de polarización social.

De hecho, el discurso pronunciado en la toma de protesta del pluripartidista Grupo Aca, el gobernador dibujó también la salida prevista para concluir los diecinueve meses que restan a su administración: un gobierno aliado con todas las representaciones políticas, en una etapa en la que “el gobernador no se peleará con nadie”.
Al final de cuentas, la referencia de Astudillo Flores para promover su último bienio como un periodo de coordinación institucional, se dio desde el momento en que planteó ante el delegado del gobierno federal, Pablo Amilcar Sandoval Ballesteros -el año pasado en plena crisis por los problemas de distribución del fertilizante-, la lógica de que desde su posición como mandatario no tenía necesidad de confrontarse con nadie: -yo soy el titular del poder Ejecutivo y mi obligación es trabajar hasta que concluya mi mandato, sin importar quién me suceda en el cargo.
Es decir; yo soy gobernador, quiéranlo o no, cumplí un ciclo y lo que viene no me corresponde a mí.
En este contexto, la coyuntura de interrelación frecuente con el presidente Andrés Manuel López Obrador, contribuyó para motivar a guardar sus machetes a quienes con la llegada del tabasqueño a la presidencia de México se afanaban en visualizar a Héctor Astudillo como enemigo del gobierno de Morena.
La anécdota relatada por el gobernador sobre el diálogo que sostuvo con López Obrador cuando se generó la polémica de que algunos delegados federales no se ponían de acuerdo con gobernadores, para asistir a las reuniones de coordinación en materia de seguridad en los estados, fue apreciada por los asistentes al Grupo Aca como la cereza en el discurso.
“En un encuentro en palacio nacional se mencionó el alcance de esta descoordinación y se pidió la intervención de la federación para que los representantes federales cumplieran con sus funciones, hubo pronunciamientos encontrados, por lo que me acerqué al presidente y le dije; señor, en el caso de Guerrero no hay necesidad de que intervenga, porque nosotros sabemos ponernos de acuerdo”.
Efectivamente, a raíz de ese pronunciamiento comenzó a diluirse la percepción de que Pablo Amilcar Sandoval, señalado coloquialmente como el súper delegado, mantenía una lucha soterrada con el gobernador por el poder político de la entidad.
Amilcar Sandoval, presente en la reunión del Grupo Aca, celebró con una expresiva carcajada la mención de aquel capítulo sobre el posicionamiento del gobernador ante el presidente de la República.
El sentido del discurso de Héctor Astudillo, sirvió de marco a la vez para explicar que mediante esa coordinación con el gobierno federal, Guerrero logró reducir la tasa de criminalidad durante el 2019, de acuerdo a estadísticas del Secretariado de Seguridad Nacional, y de ocupar el primer lugar en el registro de incidencias delictivas, el estado ahora se ubica en séptimo sitio.
Obviamente, la intervención del gobernador adquirió también un sesgo atractivo por la configuración de la audiencia presente en el evento, en la que se observó la presencia de cinco precandidatos a la gubernatura por el partido Morena, y por lo menos tres aspirantes a la presidencia municipal de Acapulco.
Luis Walton Aburto, Pablo Amilcar Sandoval Ballesteros, Alberto López Rosas, Adela Román Ocampo y el independiente Javier Saldaña Almazán. Mientras que la diputada federal Abelina López, el Síndico Javier Solorio y el diputado local, Moisés Reyes Sandoval, perfilados a luchar por la candidatura morenista al ayuntamiento de Acapulco, capitalizaban el escenario.
En el fondo, el alcance del mensaje del gobernador mantiene a la vez una configuración dedicada a los propios precandidatos de su partido, el PRI, en cuanto a la proyección alejada de asuntos partidistas que aplicara su gobierno para evitarse complicaciones al término del sexenio.
Después de todo, la definición del gobernador al respecto se justifica ante la circunstancia de tránsito-liquidación a que está siendo sometido el sistema político mexicano, lo que, seguramente, generará el reconocimiento social.

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