El río llegó sin avisar y se metió hasta la cocina, relatan en Yetla
- La tromba del lunes dejó viviendas afectadas, plantíos derribados, animales desaparecidos y a un pueblo sin luz eléctrica ni agua
ROBERTO RAMÍREZ BRAVO /
Yetla, municipio de Coyuca de Benítez, 25 de agosto de 2026. “Nosotros estábamos comiendo, habíamos llegado del trabajo del campo. De repente se aplanó la lluvia y rápido bajó el arroyo. Ya ni terminamos, fuimos a ver el arroyo y ya: vámonos para fuera”, relata el campesino Abelino Castro Venancio.
Su casa se encuentra en la colindancia con el arroyo que proviene de Tixtlancingo, justo en el punto donde se junta con otro brazo que proviene de La Calera. Era alrededor de la una de la tarde del lunes 24 de agosto, el cielo había estado nublado durante la mañana y atisbos de lluvia empezaban a caer, pero, de pronto, se soltó intensa, y aunque solo duró alrededor de una hora, fue suficiente para que el agua del río se desbordara e inundara viviendas, negocios, huertas y calles, no solo de las viviendas cercanas, sino de prácticamente la totalidad del pueblo.
En esa hora se perdieron animales, marranos, sobre todo, que fueron arrastrados corriente abajo. Un grupo de vacas de diferentes propietarios, por instinto buscaron refugio y lo encontraron en un terreno del ex alcalde Javier Escobar Parra, pero luego de que pasó el desastre, el ex alcalde de extracción priista los encerró, puso candado en el terreno y advirtió a sus propietarios que no los devolvería a sus dueños a menos que estos pagaran 15 mil pesos como supuestos daños.
Juan de Dios Mateo Ursúa tiene una marisquería, pero todo lo perdió. “No había mal tiempo pronosticado -dijo-. Nada más cuando vimos que bajó el arroyo, y bajó con una fuerza impresionante, la verdad. Se llevó todo, volteó el refri, sepultó losas, copas, vasos, pero aquí estamos, sobreviviendo”.
En la inmediatez de los acontecimientos, los vecinos buscaron primero ponerse a salvo y aquellos cuyas casas fueron inundadas buscaron refugio en un albergue provisional y ahí pasaron la noche, con apoyo de autoridades que les llevaron agua, colchonetas y comida.

Sobre la carretera que da acceso al poblado, la cual quedó parcialmente dañada, Delia Memije Martínez explicó que el problema del crecimiento del río es recurrente y desde el huracán Paulina, en 1989, cada vez que hay un temporal se ensancha y daña la carretera, mientras las autoridades solo llegan, a veces levantan muros, pero estos nunca resisten y los daños se repiten.
En la misma área, la vecina Fabiola Torres muestra también los daños en su huerta, donde siembra coco, guayaba, cempasúchil, limón, mango y otros productos frutales y hortalizas. “Todo se lo llevó, no dejó nada”, dice.
Explica que aquí lo que se necesita es una cortina de hierro para contener los desbordamientos del río, porque los muros que han construido no resisten, aunque sean altos o fortalecidos. “Si no se arregla el arroyo, siempre vamos a estar así, desgraciadamente, siempre vamos a tener estas afectaciones”.
María del Carmen Abad Vargas, madre soltera, con la responsabilidad de su madre de 90 años, perdió toda su cosecha de limón, principalmente, y de coco. Pidió el auxilio de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para pueda solventar los daños, pero principalmente para que se construya una cortina que evite que el río se desborde con cada temporal.
En el interior del pueblo los desastres están a la vista, quedan las huellas del agua que corrió por los callejones, que se introdujo en las viviendas, en algunos casos con un nivel de dos metros, en otros, menor. Después de la primera noche, los afectados regresaron a sus viviendas para tratar de rescatar lo que se pudiera. Pero en realidad, explica el comisario Jesús Sánchez Ortiz, lo perdieron todo: muebles, colchones, refrigeradores, y documentos; dijo que un reporte preliminar señala que fueron unas 25 viviendas afectadas, y unas siete de las cuales podrían considerarse pérdida total.
Precisó que la creciente del arroyo no solo inundó las viviendas, sino que hizo que dejaran de tener acceso a agua potable. La energía eléctrica se suspendió durante el lunes, pero este martes ya había regresado, y relató que un ingeniero de apellido Esteves, que se encontraba laborando en el área, prestó su maquinaria para retirar el lodo de las calles, lo que permitió restablecer el tráfico vehicular y por tanto la comunicación con el resto del municipio.

En la mayoría de los lugares puede observarse que en los trabajos de limpieza son mujeres quienes están a cargo. En una de las viviendas, que fue inundada, tres mujeres con pala y cubetas sacan el lodo que quedó en el interior y con el apoyo de una carretilla lo arrojan hacia la parte que colinda con el río.
En Yetla hay tres arroyos que rodean al pueblo. En ocasiones como estas, se convierten en ríos que han provocado daños en viviendas, locales comerciales y huertas.
El tesorero de la Comisión de Agua Potable, Delfino Maldonado Valdovinos, explicó que en la parte alta del río, donde se juntan los tres arroyos, hay muros transversales para conducir el agua, pero son muros sencillos y esta ocasión que fue mucha agua, la corriente se los llevó.










