julio 7, 2026

No se olviden de Alex Serna

ROBERTO RAMÍREZ BRAVO   /

Acapulco, 06 de julio de 2028.

El 25 de enero de 1997, el fotógrafo argentino José Luis Cabezas, fue secuestrado por un grupo de sicarios y posteriormente asesinado. Le dispararon dos veces en la cabeza y luego incendiaron su automóvil con su cuerpo adentro.

Su asesinato conmocionó a Argentina entera, pero habría quedado en el olvido, como muchos otros casos, de no ser porque sus colegas de todo el país y algunos del extranjero mantuvieron en alto la exigencia de justicia y ellos mismos investigaron hasta dar con los responsables. Con la consigna “No se olviden de Cabezas”, periodistas y autoridades concluyeron que había sido el empresario Alfredo Yabrán, con el apoyo de policías bonaerenses y delincuentes, quien lo había mandado a matar, porque Cabezas le había tomado una fotografía, cuando el empresario, que sostenía fuertes vínculos con el poder político y económico, cuidaba mucho su anonimato.

Ese caso argentino ocurrido durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, se parece mucho al de Alex Serna, periodista independiente asesinado en días pasados en Zihuatanejo. Alex había hecho denuncias públicas de amenazas que había recibido y de las cuales responsabilizaba a la alcaldesa Liz Tapia y su esposo el ex alcalde Jorge Sánchez Allec. Pero también, en sus publicaciones había hecho señalamientos muy precisos hacia otros personajes, como el empresario Frank Thomas Cruz, operador de una destiladora de mango, o funcionarios de Conagua, y hasta al ex gobernador Héctor Astudillo a quien acusó de pretender asociarse con un resort que se planeaba construir sin permisos en una zona protegida.

Basta una revisión mínima de sus publicaciones para entender que había muchas personas que pudieran sentirse afectadas por sus publicaciones, pues con estas, el periodista exhibía negocios sucios, devastación ecológica, despojo de terrenos en colonias, avasallamiento empresarial a pequeños negocios, entre otras cosas.

Por eso es una obligación que las autoridades le den una importancia mayor a su trabajo periodístico al momento de investigar el crimen.

Zihuatanejo es un municipio que siempre ha sido gobernado por el PRI, salvo cuando estuvieron al frente Amador Campos y Silvano Blanco Deaquino, quienes gobernaron por el PRD, sin embargo, desde 2018 no solo es el PRI quien gobierna, sino la dinastía Sánchez-Allec. Esta dinastía inició en 1972 cuando asumió la alcaldía Jorge Allec Galeana, quien gobernaría por tres períodos, iniciando el segundo en 1990 y el tercero en 1999.

En 2018, su hijo Jorge Sánchez Allec asumió la alcaldía y en 2021 se reelegiría para un segundo período consecutivo. Al concluir este último, entregó el cargo a su esposa Liz Tapia, quien ahora gobierna, y Sánchez Allec se prepara para sucederla a ella en 2027, según se dice en corrillos políticos.

Sobre ellos, aunque no únicamente, como se ha dicho, Alex Serna enfocó sus baterías. No se trata de asumir que la familia en el poder es responsable del asesinato, pero es innegable que todas las personas implicadas por él, deben ser investigadas.

En estos momentos hay conmoción no solo local, sino también en medios nacionales, por el asesinato de Alex Serna. Es necesario no quitar el dedo del renglón, porque el crimen no solo le afectó a él, no solo a su familia, no solo a la comunidad, sino también a todo lo que pueda identificarse como libertad de expresión. Cuando alguien escribe con tal transparencia, y con denuncias tan concretas, al eliminarlo, se está afectando directamente al ejercicio periodístico y, de paso, a la democracia.

El 24 de junio de 2020, en pleno centro de la ciudad, fue asesinado el empresario Ricardo Sotelo Luna, candidato del Partido del Trabajo a diputado local. No pasó nada, ninguna investigación hasta la fecha. Un reporte de la agencia Irza, con nombres y apellidos, señala que en Zihuatanejo han desaparecido 11 personas en el último mes.

Así, pues, en un municipio donde la población se encuentra en vilo, alguien pensó que asesinar a Alex Serna sería como un día de feria. Pero se equivocó. Al igual que en el caso del argentino José Luis Cabezas, los periodistas no paran de exigir justicia. El empresario que mandó a matar a Cabezas se suicidó cuando iba a ser detenido.

No se trata de pedir lo mismo, pero sí de exigir que la justicia llegue a donde tenga que llegar, ya sea un empresario poderoso, un político, o un delincuente. Al igual que la protesta en Argentina, aquí cabe decirlo: “No se olviden de Alex Serna”.

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